La contaminación lumínica que vemos diariamente en postes, letreros LED, rascacielos y un sinfín de luces artificiales parece inofensiva, pero está provocando que las aves canten durante casi una hora más al día de lo que se estimaba anteriormente.
Esto según un estudio publicado en la revista científica Science el 21 de agosto, en el cual se analizaron más de 4 millones de grabaciones de unas 580 especies de aves.
Los investigadores estadounidenses Brent Pease y Neil Gilbert analizaron estas grabaciones, recopiladas durante las horas del amanecer y el atardecer. Los datos abarcan especies diurnas distribuidas en más de 7,800 puntos de observación alrededor del mundo, lo que permitió una evaluación global del comportamiento vocal frente a distintos niveles de luz ambiental.
“Utilizamos un conjunto de datos acústicos globales de más de 60 millones de detecciones, que representan 583 especies de aves diurnas, para sintetizar los efectos de la contaminación lumínica en la vocalización aviar. En promedio, la contaminación lumínica prolongó la actividad vocal en 50 minutos”, señala el estudio.
Este efecto es más pronunciado durante la noche, cuando la luz artificial interfiere con los ciclos circadianos que regulan el canto de las aves.
También se determinó que las aves más afectadas por la contaminación lumínica son aquellas con ojos grandes, nidos abiertos, rutas migratorias, amplias áreas de vuelo o que se encuentran en temporada reproductiva.
¿Cómo determinaron que la contaminación lumínica afecta a las aves?
Las grabaciones fueron obtenidas a través de BirdWeather, una biblioteca de vocalizaciones de aves, de la cual los expertos seleccionaron los audios registrados entre marzo de 2023 y marzo de 2024.
Los expertos explicaron en el estudio que, una vez finalizadas las observaciones filtradas y la lista de especies, extrajeron el audio correspondiente al nadir —es decir, el momento más oscuro de la noche, cuando el sol está en su posición más baja—, al mediodía solar y a la salida y puesta del sol, para luego calcular el inicio y el cese de la vocalización en relación con las fases de luz.

Para calcular el inicio de la vocalización matutina, se analizaron las detecciones ocurridas entre el nadir y el mediodía solar. Se identificó la primera vocalización de cada especie en ese intervalo y se comparó con la hora del amanecer local. El resultado indicó cuánto antes o después del amanecer comienza la actividad vocal, siendo los valores negativos indicativos de un inicio previo al amanecer.
Para determinar el cese vespertino, se filtraron las vocalizaciones entre el mediodía solar y el siguiente nadir. Se tomó la última detección de cada especie en ese rango y se comparó con la hora del atardecer local. Así, se obtuvo la diferencia horaria entre el fin de la vocalización y el atardecer, donde los valores negativos reflejaron un cese anticipado y los positivos, uno posterior.
Los investigadores señalaron que el siguiente desafío consiste en analizar el impacto de la luz artificial sobre la reproducción y la viabilidad de las aves. Además, destacaron la importancia de incorporar este tipo de alteraciones ambientales en los planes de conservación de las ciudades para así proteger a las especies afectadas.

