A 39 millas al suroeste de Miami Beach, una de las playas más famosas de “La Ciudad del Sol”, vive un ejército de inmigrantes latinoamericanos que se levanta cada madrugada a trabajar la tierra bajo el mismo sol intenso que le da tanta fama al sur de Florida.
Entre ellos se encuentra Yolanda Gómez. En Homestead, una localidad mayoritariamente agrícola y que pertenece al área metropolitana de Miami, esta mujer nicaragüense de 35 años se dedica al cultivo de las palmas que son sembradas para adornar las calles y urbanizaciones de varios estados alrededor de La Florida.
Hace más de dos años que Yolanda trabaja en un extenso cultivo de palmas en una labor que opera todo el año. No es una tarea fácil y requiere un gran esfuerzo físico que cada verano, con la llegada de las altas temperaturas, se vuelve más exigente.
“Súper duro, súper duro. No creo que sea para cualquier persona estar afuera desde las 7 de la mañana hasta las 5 de la tarde. Es fuerte, es súper fuerte. La verdad que trabajar bajo el sol, es de metas, es de que te guste hacerlo, te guste hacer lo que se hace en el campo”, dice Gómez.

Es así como el calor se ha convertido en uno de los mayores riesgos para los trabajadores agrícolas de EE. UU. Los hispanos conforman el 78% de la mano de obra en los campos de todo el país, un sector productivo que, según la Asociación Americana del Pulmón, tiene un riesgo de muerte 35 veces más alto que los demás.
¿Cuáles son los efectos del calor extremo en el cuerpo humano?
Uno de los efectos de la exposición al calor extremo es que el sistema que regula la temperatura corporal se sobrecarga al punto que los mecanismos de enfriamiento, como la transpiración o el aumento de flujo de sangre a la piel, ya no funcionan. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), más de 600 personas mueren cada año por el impacto directo del calor extremo.
El trastorno más grave se denomina “golpe de calor” (heat stroke), un cuadro que puede causar la muerte o discapacidad permanente. Es algo que se ve con creciente frecuencia, según Joseph Varón, profesor de medicina de la Universidad de Houston y especialista en medicina interna y neumología: “El golpe de calor le pega igual a todos, si nunca has estado entrenado al calor”.
Cualquier trabajador, independiente de la raza o sexo, que cumpla con sus labores al aire libre bajo los implacables rayos del sol, se expone a este riesgo cuando la temperatura sube drásticamente. Para detectar cuándo una persona sufre de un golpe de calor, según el Dr. Varón, sólo hace falta conocer los síntomas: piel enrojecida, caliente y seca (sin sudor), agitación corporal, convulsiones, náuseas, respiración acelerada, dolor de cabeza, aceleración del ritmo cardíaco, vómito, confusión e Irritabilidad.
La temperatura del cuerpo puede subir a niveles críticos, como muy bien lo ha aprendido en su práctica profesional el doctor Joseph Varón, de hasta 104 grados Fahrenheit (40 °C).
“Desafortunadamente puede ser mortal en muchos casos”, dice el médico quien recalca que, al no haber una respuesta rápida a los primeros síntomas, existe un alto riesgo de una falla sistémica. “Imagínate que se te empiezan a cocinar todas las células del cuerpo. Si tu no tratas un golpe de calor, puedes tener daño al cerebro, al corazón, a los riñones y a los músculos”.
Aunque Yolanda Cruz trabajaba desde muy niña como agricultora en su natal Nicaragua, cuenta que siente que el calor va en aumento en Florida.

“Sí, claro. Recuerdo que me mudé acá en octubre del 2011. Y aquí en Homestead no era como está [ahora]. Hace 10 años era más diferente y era como más tranquilo. Ahora ha sido otra cosa. Ha cambiado mucho y ahora no puedes salir ahí afuera”, narra Yolanda.
Hoy en día, por cada dos horas de trabajo, ella y sus compañeros se detienen aproximadamente 10 minutos para hidratarse y que el cuerpo nivele su temperatura interna.
Olas de calor más intensas, más frecuentes y más largas
Las olas de calor se producen cuando la temperatura es más alta de lo normal durante varios días seguidos. En EE. UU., el Servicio Nacional de Meteorología (NWS) las define como un evento de calor extremo con más de dos días de temperaturas excepcionales. Este tipo de fenómenos tiende a afectar regiones enteras, exponiendo a un gran número de habitantes a los peligros del calor extremo.
Para John Morales, un conocido meteorólogo con más de 40 años de carrera en los medios de difusión del sur de Florida, estas olas de calor tienen una causa irrefutable.

“De todos los eventos extremos meteorológicos que vienen ocurriendo, el que con mayor certeza se puede ligar al calentamiento global es el tema de las olas de calor; o sea de temperaturas extremas que vienen ocurriendo con mayor frecuencia, con mayor duración, con mayor intensidad”.
Morales añade que la temperatura promedio del planeta desde la era industrial ha aumentado en promedio 1.2 °C. Aunque parece insignificante, esta alza ha sido suficiente para desencadenar trastornos meteorológicos globales que hacen que lugares no acostumbrados previamente a olas intensas y frecuentes de calor, ahora las padezcan.
Esta tendencia climática tiene el potencial de agravarse en los próximos años, pero Morales asegura que estamos a tiempo de lograr cambios.
Lo principal, explica, es dejar de emitir gases como el dióxido de carbono, óxidos nitrosos y metano que “acentúan el efecto invernadero manteniendo al planeta más cálido… Hay que hacer una transición energética a energías renovables lo más que se pueda. Necesitamos movernos en esa dirección… Cuando logremos eso, entonces por lo menos estabilizamos la temperatura del planeta en lugar de seguir acelerando en la dirección preocupante que lleva. Y quizás lograr estabilizar la temperatura hasta volver a refrescar en el planeta”.
El devastador efecto del calor extremo en regiones con poca preparación
Hasta hace poco, las temperaturas extremas parecían ser la característica exclusiva de estados del centro y sur de Estados Unidos. Pero eso ha cambiado. En la actualidad, incluso en áreas como el norte de Seattle, estado de Washington, pueden experimentar condiciones muy alejadas de lo rutinario cuando llega el verano.
Paulina López es originaria de Ecuador, pero ha vivido en el Pacífico Noroeste por más de 20 años. Allí es donde formó su familia y donde trabaja en la defensa del medio ambiente como directora ejecutiva de Duwamish River Community Coalition, un grupo sin fines de lucro. López destaca que, en los últimos 20 años, la región ha experimentado inusuales olas de calor.

“Y como va tan acelerado esto del calentamiento global, aquí en Seattle ya es diferente. Nunca ha habido aquí veranos de 102 °F, 103 °F. Ahora ya los tenemos. Y ahora esto tiene que ver muchas implicaciones en la salud de nuestros trabajadores, de nuestros campesinos”, destaca López sin esconder su asombro porque recuerda que a fines de los años 90, la temperatura máxima usualmente no superaba los 90 °F (32 °C).
En el verano de 2021, una onda cálida sin precedentes tuvo efectos devastadores en el Pacífico noroccidental (Oregón, Idaho y Washington). Se estima que solo en Washington, el evento meteorológico del 26 de junio al 2 de julio contribuyó a la muerte de por lo menos 159 personas. Cientos más llegaron a salas de emergencias con cuadros médicos relacionados con las altas temperaturas. La ciudad de Seattle, acostumbrada a ver en el verano temperaturas de entre 70 y 80 grados Fahrenheit, registró una máxima de 108 °F (42 °C) el 28 de junio de 2021, algo sin precedentes en los 151 años de los registros climatológicos oficiales.
En julio de 2023, el Departamento del Trabajo e Industrias del Estado de Washington (L&I), promulgó nuevas reglas destinadas a proteger del calor a quienes trabajan en exteriores. Ahora se obliga a los empleadores a proveer descansos más frecuentes y a la sombra, además de proporcionar agua potable fría para el consumo gratuito de sus trabajadores.
Es un buen comienzo, pero gracias a su labor con las comunidades hispanas de Seattle, Paulina López sabe que falta mucho por hacer.

“Es una combinación de varios aspectos. No ha llegado, pienso, la conciencia de parte de los empleadores y también muchos, en nuestra comunidad latina, todavía no vemos que la preocupación es tanta… Yo todavía quisiera que haya mucha más protección en la legislación, que haya mucha más protección”.
La mitigación como esperanza para las víctimas del calor extremo

Phoenix, Arizona, es una de las ciudades más calurosas en EE. UU., pero el verano del 2023 fue el más cálido de toda su historia con máximas de 110 °F (43 °C) o más por 31 días seguidos. Se prevé que este año sea igual o incluso peor.
Además de distinguirse por sus altas temperaturas, esta ciudad también es conocida por las reformas a las ordenanzas municipales para proteger del calor extremo a las poblaciones más vulnerables, como quienes deben trabajar al aire libre.
Muchas actividades productivas exponen al sol a los trabajadores, mayoritariamente hispanos. Tal es el caso de Alberto Hernández, quien llegó de Chiapas hace 24 años y se estableció en Phoenix. Hoy en día es un pequeño empresario y le da empleo a una cuadrilla de siete trabajadores quienes juntos instalan y reparan techos residenciales. El mayor riesgo de este oficio, además de la altura, es el intenso calor.
Los materiales que se usan para el recubrimiento de los techos, especialmente uno conocido en el gremio de la construcción como “asfalto de papel”, por su color negro, pueden elevar la temperatura hasta los 128⁰F (53⁰C) porque absorben y conducen el calor.
“Los trabajadores se me han deshidratado de repente. Eso es lo que pasa acá, que te deshidratas, por más que uno le eche agua, líquido, lo que sea, el calor es calor”, explica sobre su experiencia. Es una razón poderosa para que el horario de trabajo sea diferente a los de la mayoría.

“En el tiempo de calor, digamos, en esta temporada, entramos alrededor de las cuatro y media a cinco de la mañana y más tardar a las doce, una, pues ya nos regresamos a casa porque se pone bueno el calor acá. Pero la jornada son ocho horas, como todos los trabajos”.
Los años le han demostrado que no es un trabajo para cualquiera. “Pues déjeme decirle para el que no lo conoce, creo que se le hace difícil, porque con nosotros han llegado nuevos que nada más nos duran dos, tres horas porque es pesado. El trabajo que nosotros hacemos es pesado y además estar arriba del techo con el calorón”, enfatiza sin titubeos.
Sin embargo, Hernández sabe que, en medio de las duras circunstancias, él y su cuadrilla no son quienes enfrentan el mayor peligro. Como él mismo explica, están trabajando, ganan dinero y pueden costear maneras de mitigar el calor. Cada semana, Hernández gasta en promedio $400 en hielo, bebidas energizantes, botellas de agua y hasta suero, para mantener surtidas las neveras que el equipo usa para rehidratarse.

En Phoenix, los planes diseñados bajo las políticas públicas van más allá de un corto plazo. La Oficina de Mitigación y Respuesta al Calor explica en su página de Internet que “hay fondos de subvención disponibles para agregar más árboles y sombra en Phoenix. Buscamos financiar proyectos en vecindarios con poca cobertura de árboles y sombra en toda la ciudad”. Incluso subrayan que esta iniciativa busca “establecer una dirección de programas y políticas que impactará la salud, la calidad de vida y la vitalidad económica en Phoenix durante muchos años en el futuro”.
Cuando la burocracia es un obstáculo en la lucha contra el calor extremo
No todos los gobiernos protegen a los más vulnerables al calor extremo como en Seattle o Phoenix. En otros lugares, se hace lo contrario, con leyes que, para muchos expertos, perjudican el bienestar de los trabajadores. El estado de Florida es uno de ellos. El pasado 11 de abril, el Gobernador Ron DeSantis firmó la Ley HB 433 que prohíbe a las autoridades locales promulgar disposiciones para proteger del calor a quienes laboran al aire libre.
Esta ley, en efecto, anula las ordenanzas establecidas en el condado Miami-Dade, por ejemplo. Esa jurisdicción ya no podrá exigir que los empleadores den descansos frecuentes para recuperarse del agotamiento por el calor o provean agua y bebidas a sus trabajadores.
Antes de que DeSantis firmara la ley, varias organizaciones que defienden los derechos laborales presionaron por un veto por considerarla “cruel”. Pero el mandatario estatal hizo caso omiso del llamado y la ratificó en un acto protocolario en que se rehusó a contestar preguntas de la prensa. Se espera que la HB 433 entre en vigor el próximo mes de julio, considerado por la climatología como el mes caluroso del año en la Florida.
Un efecto acumulado amenaza a poblaciones vulnerables
La probabilidad de ser víctima de un golpe de calor, según lo ha percibido Paulina López en su trabajo con las comunidades hispanas en los alrededores de Seattle, aumenta en sectores que enfrentan dificultades sociales o económicas. “La mayoría de personas [en el Pacífico Noroeste] no tienen acceso a los aires acondicionados. Entonces eso ya es un extra gasto que se tiene que hacer, que nunca antes se ha visto, pero ahora no se puede”, dice. “Lo que sabemos es que nuestras comunidades viven en departamentos pequeños y son de dos cuartos y tienen varios familiares ahí. Entonces se hace muy difícil dormir”.
John Morales, fundador y jefe de meteorología de ClimaData, empresa privada dedicada al pronóstico y consultoría meteorológica para Estados Unidos y Latinoamérica, comparte esta tesis. Entre más precaria sea la posición económica de una persona, explica él, mayor es el riesgo de sufrir de un trastorno de calor. “La gente que tiene aire acondicionado en su casa, pero tienen que decidir entre sí pueden pagar la cuenta de la luz o darle de comer a sus hijos. Cuando uno no tiene los recursos financieros, pues no enciende el aire acondicionado”. Esto se suma a que cada año las jornadas de calor se han hecho más largas e intensas, lo que acorta las horas en que el clima sería más favorable.
Morales, titulado en meteorología de la prestigiosa Universidad de Cornell, comenzó su carrera en el Servicio Meteorológico Nacional en 1984 antes de convertirse en una cara conocida en la televisión en español e inglés. Él explica que “el cuerpo humano, si no puede recuperarse del calor que sufrió durante el día, si no refresca de noche, eso es como un efecto acumulativo. Y se sigue acumulando el efecto nocivo al cuerpo humano y llega un momento en que la gente sencillamente se siente exhausta y le da el golpe de calor y te digo, la gente se muere por esto”.
Paulina López también lo describe como “los impactos acumulados” y pone un ejemplo:
“Una persona que ya tiene asma, pero además del asma que se exacerba con el calor en esa área, por lo de los incendios forestales, se le acumula. Además no tiene acceso a aire acondicionado. Además vive en un área contaminada y además no tiene acceso al mismo número de árboles que la pueden proteger”.

Es momento para aprender cómo defenderse del calor
La falta de información sobre este peligro puede contribuir a las muertes por estos aumentos bruscos de temperatura, aseguran Paulina López y John Morales. Es algo con lo que coincide el Dr. Joseph Varón: “Cuando yo veo un golpe de calor, yo generalmente veo falta de educación. Eso es lo que yo veo. La gente que cae en golpe de calor es porque no estaban [informados], ni idea tenían de lo que es un golpe de calor”.
Es una falta de conocimiento que bien podría deberse al hecho de que muchos, como dice Morales, preferirían no enterarse de lo que está pasando:
“La gente no se da cuenta de que el calor mata y en realidad es el asesino silente de los extremos meteorológicos. Cuando hay un huracán, todo el mundo se entera; si hay una inundación y mata a varias personas, todo el mundo se entera. Pero con el tema del calor, las noticias como que no le dan mucha atención a eso. Y sin embargo están muriendo cientos y miles de personas, anualmente, debido al calor”.
Aunque una inmensa mayoría de la población no presta atención constante al peligro de un golpe de calor, la realidad del cambio climático y sus extremos no solo en EE. UU. sino en todo el mundo hace que, al menos gradualmente, el temor vaya en aumento entre quienes trabajan expuestos a los rayos del sol. “Pues, está un poco preocupante, oiga. Porque si año tras año va cambiando, es más propenso a que uno se deshidrate más pronto”, dice Hernández.
Lo cierto es que la crisis por el calor extremo es una realidad y no será extraño que en las próximas semanas, se emitan alertas meteorológicas sobre temperaturas récord. La recomendación para protegerse viene del propio Alberto Hernández, acostumbrado a trabajar sobre los techos de las casas de Phoenix bajo un calor infernal que puede consumir a quien carezca de la adaptación necesaria: “Pues que se hidraten y pues que se cuide la gente porque el calor es capaz hasta de matarte”.
Ingresa en calor.sachamama.org para ampliar más información.
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