El cambio climático provocado por la actividad humana se está convirtiendo en una seria amenaza para la vida de varias especies, con el ser humanos encabezando la lista. Cuando se eleva la temperatura de la atmósfera debido a la emisión de gases de efecto invernadero se provoca un daño al planeta.
La gravedad de las sequías, los incendios forestales, los tornados, las tormentas, las intensas nevadas y el aumento en el nivel del mar sigue en aumento. Gracias al avance de la tecnología, la mayoría de estos fenómenos pueden ser anticipados, pero hay otro que no se puede pronosticar y puede ser igual o más devastador: los sismos.
Por ejemplo, a partir del monitoreo científico constante a nivel global es posible detectar cuales son los países cuya actividad industrial daña en mayor proporción a la atmósfera, pero resulta prácticamente imposible anticipar donde se producirá un terremoto.
Relacionar al clima o la temperatura con los movimientos sísmicos era algo que sonaba descabellado décadas atrás.
Sin embargo, hace 13 años los resultados de una investigación australiana liderada por el geólogo italiano Giampiero Iaffaldano expuso que la intensificación del monzón en la India había acelerado el movimiento de la placa tectónica india en un 20% durante los últimos 10 millones de años.
“Hemos demostrado por primera vez que lo contrario es cierto, que la evolución del clima puede afectar a su vez al movimiento de las placas tectónicas”, escribió Iaffaldano, quien analiza la estructura, composición, historia, evolución y los procesos que ocurren en el planeta.
Sin embargo, para que una temporada de lluvia se prolongue debe haber algo que lo provoque y quizá la respuesta se encuentre en la actividad industrial.
Incremento de la actividad sísmica
En la base de datos internacional sobre desastres (EM-DAT) se observa cómo, entre 1900 y 1950, el planeta registró un promedio de 3.4 terremotos por año con una magnitud superior a 6.5 en la Escala de Richter, la cual clasifica al tamaño del movimiento telúrico a partir de la energía liberada.
Después se observa que, de ahí en adelante y hasta inicios de la década de los 70s, la cantidad de ese tipo de sismos al año prácticamente se duplicó hasta llegar a 6.7
Sin embargo, lo más preocupante fue que, en las primeras décadas del nuevo milenio, la cifra de dichos temblores se quintuplicó.
De hecho, en lo que va del siglo ya se han producido 22,000 desastres masivos asociados a terremotos en todo el mundo.
Lo controversial es la relación de estos fenómenos con el desarrollo de la industria y también con el incremento de la temperatura atmosférica. Es decir, con el cambio climático reflejado principalmente en el derretimiento de los glaciares en la Antártida.
Liberación de presión en las placas tectónicas
A medida que comienzan a desaparecer los glaciares —mal llamados eternos— se libera la presión que antes ejercían sobre las placas tectónicas. Eso les permite moverse y chocar o rozar unas con otras liberando una energía que, al llegar a la superficie, suele derribar una buena parte de lo que encuentra en su trayecto.
Andrea Hampel, geofísica de la Universidad del Ruhr en Bochum, Alemania, argumentó que el rebote sísmico que experimentó Escandinavia hace 9,000 años coincidió con el derretimiento acelerado del manto glaciar que cubría toda esa zona del planeta.
Algo similar está sucediendo en Alaska, Groenlandia y la Antártida, donde la científica prevé el surgimiento de una gran actividad sísmica.
“Basándonos en nuestros modelos, predecimos que la degradación de las capas de hielo provocará un aumento de la frecuencia de los terremotos en estas regiones”, advirtió.
Por otra parte, los resultados de un estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) concluyeron que las intensas lluvias y nevadas generadas por el cambio climático en la península de Noto, Japón, desde finales de 2020, ejercieron una inusual presión en el subsuelo. Dicha presión se relaciona como detonante de un enjambre sísmico que no ha terminado.
A pesar de la información citada, todavía falta más investigación para entender el comportamiento de los movimientos de las placas tectónicas y cómo pueden verse afectadas por el calentamiento global.
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