La Antártida se enfrenta a cambios abruptos e irreversibles que representan una amenaza para ecosistemas, ciudades y comunidades costeras de todo el planeta, a menos que las emisiones globales de CO2 se reduzcan de forma urgente. Así lo concluye un estudio internacional liderado por la Universidad Nacional de Australia, publicado en agosto en la revista Nature.
La investigación, realizada con la colaboración de científicos de Francia, Alemania, Sudáfrica, Suiza y el Reino Unido, advierte que el deshielo, el calentamiento del océano Austral y la alteración de los ecosistemas antárticos están interconectados y sus impactos se extenderán mucho más allá del continente blanco.
Uno de los mayores riesgos es el colapso de la Capa de Hielo de la Antártida Occidental (WAIS, por sus siglas en inglés), un escenario cada vez más probable con el aumento de las temperaturas.
“Si esto ocurre, las consecuencias serán catastróficas para las generaciones futuras”, alertó Nerilie Abram, jefa científica de la División Antártica Australiana y autora principal del estudio.
El deshielo del océano Austral también hace más vulnerables a las plataformas flotantes, que podrían colapsar con mayor facilidad debido al impacto de las olas. Esta pérdida de hielo marino, además, altera el balance energético del planeta, porque incrementa la cantidad de calor solar absorbido y acelera el calentamiento regional.
Impactos más allá de la Antártida
Australia se perfila como uno de los países más afectados. Matthew England, investigador de la Universidad de Nueva Gales del Sur y coautor del estudio, alerta que el aumento del nivel del mar pondrá en riesgo a comunidades costeras, mientras que un océano más cálido y con menos oxígeno reducirá su capacidad de absorber CO2, intensificando el calentamiento en la región.
El impacto también alcanza a la biodiversidad. El estudio señala que el deshielo compromete la supervivencia de especies clave como el pingüino emperador, que necesita hielo estable para que sus polluelos alcancen la madurez. La pérdida de colonias enteras ya se ha registrado en la última década debido a la ruptura temprana del hielo.
El krill, base de la cadena alimentaria marina, además de focas, otras especies de pingüinos y fitoplancton, también enfrenta riesgos cada vez mayores por el calentamiento y la acidificación de los océanos.
La investigación resalta, además, el peligro de un colapso en la circulación oceánica antártica, lo que limitaría el ascenso de nutrientes esenciales para la vida marina.
“La única manera de evitar cambios abruptos y sus impactos de gran alcance es reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero y mantener el calentamiento global lo más cercano posible a 1,5 °C”, concluye Abram.

