Faltan pocas semanas para la inauguración de la COP30, prevista para el 10 de noviembre de 2025 en Belém, Brasil, y los debates preparatorios mantienen latentes las tensiones diplomáticas y técnicas. Durante las sesiones de la previas en Brasilia, ministros y negociadores pusieron sobre la mesa asuntos que podrían definir el éxito o el fracaso de la cumbre verde.
Uno de los temas más destacados es el financiamiento climático. Aunque la reunión preliminar concluyó con declaraciones optimistas sobre consensos en adaptación y cooperación multilateral, los países con menos recursos aún reclaman compromisos concretos para movilizar fondos necesarios.
En este sentido, 35 ministros de finanzas presentaron una propuesta para escalar el financiamiento climático global hasta 1,3 billones de dólares anuales, mediante reformas en las calificaciones crediticias, tasas de seguros y criterios de bancos de desarrollo. Esta meta, conocida como la hoja de ruta “de Baku a Belém”, amplió el debate sobre los mecanismos financieros posteriores a la COP29.
Buscarán justicia climática en la COP30
También se expuso la justicia climática y las reparaciones históricas. Más de 240 organizaciones ambientales y de derechos humanos han instado a los líderes presentes en la COP30 a incorporar explícitamente las raíces históricas del cambio climático y a que los compromisos globales reconozcan la deuda con los países más afectados.
Mientras tanto, la presidencia brasileña plantea que la COP30 sea una cumbre de “implementación”, apuntando a consolidar instrumentos que junten mitigación, adaptación, transición justa, género y bosques en lo que denomina el “paquete de Belém”.
Sin embargo, los obstáculos no son únicamente ideológicos. Una huelga de trabajadores de la construcción en Belém ha retrasado las obras clave, en particular el llamado “village” de líderes estatales, necesario para el recibimiento de jefes de Estado poco antes del inicio oficial.
Además, el déficit de capacidad hotelera y los precios elevados para alojamiento han generado quejas entre delegaciones, especialmente de las provenientes de los países en desarrollo, que podrían verse marginados por la barrera económica.
En la recta final hacia Belém, el éxito de la COP30 dependerá de la capacidad de traducir promesas en instrumentos reales. Con pocas certezas sobre metas climáticas compartidas, fondos sólidos y mecanismos de justicia, todo apunta a que los días centrales de la conferencia estarán cargados de negociaciones tensas y decisiones estratégicas.

