A inicios de junio, una falla provocó que aproximadamente 19,000 litros de combustible empleado para alimentar los generadores de energía de respaldo de las instalaciones del Hospital Johns Hopkins contaminaran el puerto de Baltimore con enormes implicaciones para la vida marina.
El Departamento de Medio Ambiente de Maryland (MDE) informó que el material se desbordó de los tanques de diésel de un proveedor externo del Hospital Johns Hopkins.
De inmediato, la institución médica se comprometió a financiar los esfuerzos de limpieza, pero el impacto al ecosistema fue tan notorio que se pudo observar a simple vista: debido al colorante del combustible, el agua literalmente se tiñó de rojo como lo reconoció James Wallace, jefe de bomberos de la ciudad de Baltimore.
“El agua estaba roja, parecía vino, pero ya está volviendo a su color normal. No solo hemos podido aislar el producto, sino también retirarlo de la superficie”, indicó ante varios medios informativos encargados de cubrir la noticia del derrame.
Por órdenes de Westley Watende Omari Moore, gobernador de Maryland, 10 agencias municipales y estatales se unieron al Departamento de Bomberos de la Ciudad de Baltimore para tratar de evitar que la gran cantidad de combustible vertido al mar a través del sistema de drenaje pluvial se expandiera más allá del puerto.
Otro equipo humano conformado por personal de la Guardia Costera, del Departamento de Obras Públicas de la ciudad y de cuatro empresas contratistas se sumaron al esfuerzo de establecer un cerco en la parte contaminada.

A pesar de los esfuerzos por introducir parte del combustible derramado en el interior de un camión cisterna, hubo daño a la vida marina.
Trascendió que 25 aves y tres tortugas fueron rescatadas y después llevadas a Tri-State, organización que limpia y realiza controles de salud a la vida silvestre en medio de derrames de combustible y petróleo.
Durante horas el agua no dejó de oler a combustible, como lo reconoció Brandon Scott, alcalde de Baltimore: “Podemos oler el gas, obviamente se puede oler ese gas, y vemos petróleo en el agua, sabemos que la gente está comprensiblemente preocupada”.
Si bien horas después las autoridades locales definieron a la operación de limpieza del agua como exitosa, el oler a combustible tardó más tiempo en desaparecer de la atmósfera.
Dicha situación propició que personal especializado de la Universidad Johns Hopkins, así como de la Universidad de Maryland, tomaran muestras de aire para analizarlo.
A pesar de que se logró retirar la mayor parte del material derramado al agua, el Programa de Control de Petróleo del Departamento de Medio Ambiente de Maryland todavía analiza lo sucedido.
“La investigación sigue abierta. El MDE también continúa profundamente involucrado en el esfuerzo de limpieza, que está en curso en coordinación con la Guardia Costera de Estados Unidos y la ciudad de Baltimore”, se lee en parte de un comunicado.

