Debido a que los efectos del cambio climático están causando cada vez más afectaciones en la mayoría de los países, el Banco Mundial —una organización multinacional que pretende reducir la pobreza mediante préstamos de bajo interés y apoyos económicos a las naciones en desarrollo— emitió una recomendación dirigida a las potencias económicas: dejar de subsidiar a la ganadería.
El problema está en la crianza bovina
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el estiércol y liberaciones gastrointestinales del ganado representan cerca del 32% por ciento de las emisiones de metano liberadas a la atmósfera.
Este elemento químico es considerado un gas potente con la capacidad de atrapar hasta 80 veces más calor que el dióxido de carbono, lo que acelera el calentamiento global.
Ante este problema, y dado que existe un compromiso firmado por 195 países para reducir la emisión de gases de efecto invernadero —conocido como Acuerdo de París—, el Banco Mundial señaló en su informe más reciente que la buena voluntad de las economías fuertes para atender el problema del cambio climático pierde sentido al destinar millonarias cantidades de dinero en subsidios a la crianza de vacas y reses.
Por ello, Axel van Trotsenburg, director ejecutivo del Banco Mundial, exhorta a las naciones con economías más sólidas a redirigir su apoyo financiero a fuentes de alimentos más respetuosas con el medio ambiente, como las verduras, frutas e incluso la crianza de aves de corral.
“Si bien la comida en la mesa puede tener buen sabor, también representa una porción considerable del pastel de las emisiones causadas por el cambio climático”, señaló con respecto a las reses y vacas.

Lo menos contaminante puede ser algo costoso
Sin embargo, al disminuir la ganadería podría surgir un desequilibrio en la cadena alimenticia con afectaciones serias para la economía, pues el precio de los vegetales, cereales, frutas, aves, pescados y otros tipos de mamíferos se incrementaría en detrimento del consumidor final, lo cual no contempla van Trotsenburg.
“El sistema alimentario mundial puede sanar el planeta: haciendo que los suelos, los ecosistemas y las personas sean más saludables, manteniendo al mismo tiempo el carbono en el suelo. Esto está a nuestro alcance, pero los países deben actuar ya: simplemente cambiar la forma en que los países de ingresos medios utilizan la tierra, como los bosques y los ecosistemas, para la producción de alimentos, puede reducir las emisiones agroalimentarias en un tercio para 2030”, subrayó.
En el informe del Banco Mundial se proyecta que el costo para dejar de emitir gases de efecto invernadero ligados a la cadena alimenticia tenderá a incrementarse, pero los beneficios a largo plazo habrán valido la pena.
“La inversión en la reforma agroalimentaria tendrá que aumentar en $260,000 millones de dólares anuales para reducir a la mitad las emisiones en 2030”, indica la misiva.

