Mientras que la mayoría de los estudios científicos sobre el incremento de la temperatura en el planeta se han enfocado en analizar sus repercusiones —como sequías, la elevación del nivel del mar y desastrosas lluvias torrenciales—, poco se sabe de lo que está ocurriendo con los manantiales y ríos subterráneos.
Debido a que los acuíferos contienen la mayor reserva de agua dulce no congelada en el planeta, el agua subterránea juega un papel fundamental para la conservación de la vida en la Tierra.
Por ello, un grupo de investigadores de la Universidad de Newcastle, encabezados por el doctor Gabriel Rau, desarrolló un modelo para proyectar los cambios en las temperaturas del agua subterránea ante distintos escenarios de calentamiento global.
Los resultados de la investigación, publicados en la revista Nature Geoscience, de inmediato encendieron las alarmas, pues la temperatura del agua que fluye por debajo del suelo tiende a subir.
El modelo científico muestra que, hacia finales de siglo, el agua subterránea será más cálida y su temperatura promediará entre 3.8 °F y 6.3 °F.
“A medida que el agua subterránea se calienta, existe un mayor riesgo de crecimiento de patógenos que afectan la calidad del agua potable, afectando potencialmente las vidas de muchas personas”, afirmó Rau.
Aunque las consecuencias del cambio climático en los depósitos de agua subterránea variarán en cada país, en el informe difundido se advierte que algunas partes de América del Norte se verán más afectadas.
Los resultados surgidos a partir del modelo científico señalan que, para el año 2100 y con un control medio de emisiones de carbono, entre 77 y 188 millones de personas vivirán en áreas donde el agua extraída del subsuelo excederá el umbral más alto de temperatura establecido para un agua considerada potable.
Si eso ocurre, la presencia de arsénico, manganeso y fósforo en el agua será un riesgo directo no solo para la salud humana, sino también para las especies animales que se atrevan a consumirla.

