Erandi Treviño vive en un vecindario que le encanta, pero ha decidido mudarse. No por problemas económicos o cuestiones de seguridad, sino porque dice no poder respirar tranquila. Su casa está en el sureste de Houston, y desde ahí enfrenta problemas respiratorios y de inflamación crónica todos los días.
A 1,400 millas al oeste, Rudy Zamora reside en un paraíso para los turistas, pero no para todos sus habitantes. En Las Vegas, una de las ciudades con la mayor concentración de smog, Rudy ha sido testigo por años de las frecuentes crisis de asma de su hijo William. Toda la familia debe estar en alerta para prevenir que la mala calidad del aire le cause al niño de nueve años un cuadro respiratorio grave.
A cinco horas al sureste de allí vive Mayra Hernández y sus tres hijos adultos, quienes han sufrido desde la niñez de problemas respiratorios, alergias y problemas de la piel. Con los años, Mayra ha notado cómo estos síntomas disminuyen cada vez que salen de Phoenix con destino a ciudades con aire más limpio.
Aunque viven en ciudades y estados distintos, Erandi, Rudy y Mayra tienen algo en común: viven en zonas metropolitanas con altos niveles de contaminación ambiental. Sin embargo, los tres comparten la convicción de que hay maneras de mejorar su condición de vida y que no descansarán hasta lograrlo.

El alto costo de la desigualdad ambiental para los Latinos en EE. UU.
Las historias de Erandi, Rudy y Mayra no son casos aislados. Con frecuencia, los latinos en EE. UU. sufren del dispar impacto del deterioro del medioambiente. Sólo en lo que respecta a la calidad del aire, se estima que la contaminación en los códigos postales con alta concentración de latinos es 14% más alta que en áreas donde viven los anglosajones. Es más, los latinos respiran más contaminación de la que generan. En promedio, una persona de origen hispano respira 63% más que las emanaciones que produce. En contraste, las personas de raza blanca respiran un 17% menos que la contaminación que generan.

“Es como una montaña de capas de problemas que afectan a nuestras comunidades. Y luego le agregas unos niveles muy altos de químicos tóxicos que vienen de la industria, que vienen del aeropuerto, del transporte y otras industrias que están aquí al ladito de nosotros, son efectos cumulativos que nos impactan”, explica Erandi Treviño desde Texas.
“Yo veo que en algunas zonas hay más contaminación, pero me he dado cuenta que donde hay zonas de clase social alta y hay blancos, todo está bonito, está podado y hay muchos arbolitos. En los barrios donde hay personas de otras razas, está todo descuidado y muy sucio”, dice Mayra Hernández en Arizona.


“La contaminación afecta a todos por igual, pero desafortunadamente las familias latinas y afroamericanas son las que a veces vivimos en barrios un poquito más cerca a las industrias, a las carreteras. Pero, el aire puro es un derecho humano por el que tenemos que seguir peleando”, añade Rudy Zamora en Nevada.
El hollín, contaminante ambiental altamente dañino para la salud
La contaminación del aire es una mezcla de sustancias peligrosas que incluye los materiales particulados finos (PM2.5), comúnmente conocidos como hollín. Sus partículas son 30 veces más delgadas que un cabello humano, pero contienen ácidos, químicos, metales y residuos que permanecen en suspensión y hacen que el aire cambie de color o de olor. Este diminuto material proviene de las emisiones de los vehículos, plantas industriales, y la quema de materia orgánica, entre otras actividades humanas.
Está científicamente comprobado que el hollín es responsable de la mayor parte del impacto perjudicial en la salud en EE. UU. Las partículas finas entran en los pulmones causando serios problemas que incluyen asma grave, infartos, muertes prematuras, hemorragias cerebrales y problemas respiratorios crónicos.

Erandi, Mayra y Rudy viven en carne propia las consecuencias negativas de vivir en ciudades y vecindarios con altos niveles de hollín.
Erandi Treviño (32) vive con su mamá, Mayela Buston (62), en el sureste de Houston. Desde que llegaron al barrio comenzaron a percibir los cambios en su organismo y, hoy por hoy, ambas tienen afecciones pulmonares e inflamación aguda y persistente, condiciones que muchos de sus vecinos comparten.
“Es muy típico ver problemas respiratorios, ya sea asma o COPD [por su sigla en inglés]. COPD es una inflamación de los pulmones y es mucho más común en nuestras comunidades. La otra cosa que se ve mucho son reacciones en la piel. O sea alergias, eczema, puntitos o ronchitas en los ojos, especialmente en esas áreas que son más sensibles en la piel. Eso es muy, muy común. Vemos dolor de estómago, dolor de cabeza, náuseas y también hay inflamación crónica. Eso es lo que yo tengo y mi mamá también”, describe Erandi.

Mayra Hernandez (50) y sus tres hijos Omar (26), Iván (21) y Alma Delia (20) han vivido en el área de Phoenix por más de dos décadas. Los cuatro presentan cuadros de alergias, pero dos de sus hijos han sufrido de asma desde la infancia. Mayra describe cómo siente los efectos de la mala calidad del aire:
“Se siente ardor de la garganta, los ojos irritados. Y empiezo un poquito a batallar con la respiración. Luego, luego se siente la dificultad. Y lo veo en mis hijos también”.
Rudy Zamora (37) llegó hace más de 30 años al sur de Nevada. En la actualidad, vive en el este de Las Vegas con su esposa y su hijo William (9), quien ha sufrido de asma desde que tenía un año. A los cuatro años de edad, el menor sufrió un cuadro de insuficiencia respiratoria tan grave que derivó en un ataque cardíaco. William sobrevivió gracias a la resucitación cardiopulmonar y una prolongada estadía en el hospital. Desde entonces, Rudy y su esposa velan constantemente por controlar las crisis asmáticas de su niño.

“Tiene ataques de asma que lo pueden llevar al hospital una semana… Y cuando están fuertes los días de contaminación, sí tenemos que tomar un poco más de precaución. Decirle que lleve su inhalador y recordarle que la enfermera en la escuela tiene un inhalador para él. Tomamos esas precauciones para que no tenga un ataque de asma y para que no tenga que preocuparse de terminar en el hospital”, explica Rudy.
Además del desgaste físico, los cuidados especiales, los gastos médicos y la zozobra ante la inevitable llegada de la próxima crisis de salud, hay otros efectos en los núcleos familiares que no siempre se consideran.
“También afecta a la educación porque [los niños] están perdiendo clases, materias… Y los papás están perdiendo horas de trabajo y no reciben el cheque completo. Vemos que la contaminación en la comunidad latina es un efecto dominó que afecta todo, todo el bienestar de la familia”, añade Rudy.
La importancia de controlar los niveles de hollín
La contaminación ambiental es un problema global extremadamente complicado, pero hay pequeñas acciones que pueden tener efectos positivos a corto plazo. Tal es el caso de la regulación de material particulado a nivel de los condados, por ejemplo.
En febrero de 2024, la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) actualizó los estándares de partículas finas para disminuir la contaminación de materia particulada (PM2.5). La agencia redujo la norma de salud nacional de 12 microgramos por metro cúbico a 9 microgramos por metro cúbico en promedio anual. En efecto, estos estándares más estrictos obligan a los gobiernos locales a tomar medidas para reducir la producción de hollín. La agencia espera que la mayoría de condados logren cumplir los nuevos estándares antes de 2032. Además, la EPA estima que este cambio ayudará a evitar 4,500 muertes prematuras, la pérdida de 290,000 horas de trabajo y genere beneficios de hasta $46 mil millones para la salud pública.
Los derechos ambientales como derechos humanos

En julio de 2022, La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó una resolución que garantiza el derecho de toda persona a un medioambiente saludable, haciendo un llamado directo para que los gobiernos, organizaciones y empresas del mundo aúnen esfuerzos para ofrecer esta protección. Aunque la resolución no provee en la actualidad una vía para responsabilizar jurídicamente a los gobiernos, hay más de 100 países que protegen los derechos ambientales en sus constituciones.
Estados Unidos no está entre los países que reconocen oficialmente el derecho a un medioambiente saludable. Por lo que para las personas que sufren los efectos desproporcionados de la contaminación, un cambio de política es urgente.

“No tenemos el derecho a nuestra propia paz. De lo que se trata aquí son violaciones de derechos humanos. Si a mi me pegan, ese es un ataque. Pero, por ejemplo, si la industria suelta químicos que no están permitidos, a mí me afecta. Ese también es un ataque… No se vale. Yo no tengo derecho de ir y arruinarle la vida a alguien, ya sea porque lo golpeé o le puse veneno en su comida. A mí me mandarían a la cárcel. Hay industrias que hacen esto regularmente y ellos siguen teniendo sus permisos para trabajar. Están protegidas. Tienen más protecciones que uno”, dice Erandi.
Momento de alzar la voz a todo pulmón
Erandi Treviño es abogada y ha participado por años en organizaciones que defienden los derechos comunitarios. Ha formado parte de audiencias federales para exponer las condiciones del sureste de Houston y ha compartido su experiencia en reportes sobre los derechos ambientales. Aunque ha decidido mudarse del vecindario, no dejará la lucha por los derechos ambientales de lado. Ella ahora es la cofundadora de la organización Raíces Collaborative, donde comparte su experiencia para motivar a los demás a alzar su voz.

“A nosotros en nuestras comunidades muchas veces nos enseñan que no necesitamos hablar. ‘Calladita te ves más bonita’, nos dicen. Pero no. Si uno no habla se van a seguir aprovechando de nosotros y a veces cuesta vidas. Hay muchas personas que tienen miedo de hablar. A lo mejor entonces pueden dar un paso pequeño, como firmar una petición, asistir a una reunión comunitaria o compartir información en las redes sociales. Todo cuenta. Hasta platicar nuestros problemas. Por ejemplo, platicar de cómo uno se siente porque a lo mejor alguien más se siente igual. La gente se tiene que involucrar más en lo que es la tarea de cuidar nuestro planeta, pero también en cuidar los derechos de nuestra comunidad”, dice Erandi.
Mayra Hernández hace voluntariado en la organización Chispa de Phoenix. Los problemas de salud que enfrenta su familia a consecuencia de la contaminación ambiental la motivan a participar con su tiempo y aprender cómo hacer cambios en su vida diaria para formar parte de la solución climática.

“Si uno no levanta la voz, nada va a cambiar. Tenemos que participar y acudir a una organización a ayudar y a informarse. A mí no me sobra el tiempo. Yo tengo muchas cosas que hacer con mis hijos, pero me apasiona esto porque precisamente yo veo el problema en casa con mis hijos. Si mis hijos estuvieran bien y viera a otra persona que está en el lugar que estoy yo ahora, me pondría en el lugar de esa persona. Yo diría: ‘Ella está sufriendo con sus hijos. Creo que yo también necesito hacer cambios’. Y sería una cadenita para mejorar”, explica Mayra.
Rudy Zamora es ahora el Director de Apoyo Comunitario de la organización sin fines de lucro Chicanos por la Causa en Nevada. Él ha trabajado por más de 15 años en grupos dedicados a promover causas que van desde la inmigración hasta el cuidado del medioambiente. Los problemas de salud de su niño son su motivación primordial para crear conciencia sobre esta situación.

“Es súper importante que contemos nuestras historias y no para que nos pinten como víctimas sino asegurarnos que la generación que sigue tenga un futuro mejor. Yo ahorita peleo no solamente por la generación de mi niño sino por las próximas siete generaciones. Yo peleo para que el planeta siga vivo y tengamos un lugar donde vivir. Yo he visto que contando nuestras historias y alzando nuestras voces se pueden lograr cambios… Si no hablamos, no nos van a escuchar. Si estamos viendo que nuestras familias están impactadas con el asma, con la contaminación, y no estamos contando nuestras historias, las personas que tienen el poder de decisión no nos van a leer la mente. Toda propuesta de cambio empieza porque alguien contó su historia y por esa persona se empezó a pensar en una nueva ley”, comparte Rudy.
La mala calidad del aire tiene efectos dañinos y muy peligrosos para la salud, pero no todo está perdido. Aunque hay mucho trabajo por delante, hay incontables formas de recibir ayuda y hacer aportes. Si quieres formar parte de la solución, aquí tienes tres ideas que Erandi, Mayra y Rudy compartieron:
- Busca organizaciones dedicadas a proteger los derechos de la comunidad latina en tu ciudad.
- Comunícate con el congresista federal que te representa para solicitar apoyo y exigir acción.
- Reporta un problema o haz consultas a la Agencia de Protección Ambiental o EPA.
Te invitamos a conocer más sobre la campaña El derecho a respirar en paz, así como también a apoyar a la EPA a tomar medidas audaces para abordar el cambio climático y proteger la salud y el bienestar de nuestras comunidades, en este link.

