El Gran Lago Salado de Utah (Great Salt Lake) está ubicado al Oeste de Estados Unidos y tiene 1,700 millas cuadradas, por lo cual es el octavo lago salino más grande a nivel mundial. A pesar de su belleza natural, la actividad humana ha provocado la pérdida de más de la mitad de la superficie en las últimas cuatro décadas.
Este lago está en riesgo de desaparecer. De acuerdo con estudios científicos, conforme se deseca quedan expuestos sedimentos que emiten grandes cantidades de dióxido de carbono (CO₂) y metano (CH₄), los cuales aceleran el cambio climático.
El uso del agua para el consumo y otras actividades, como la agricultura, minería e industria, no se compensa en la primavera como lo hacía antes: cuando se derretía la nieve de las montañas y aumentaba su nivel.
Debido al impacto ecológico que se está presentando en Utah, al elevarse la temperatura, un grupo de investigadores se dieron a la tarea de realizar un estudio con el objetivo de alertar a las autoridades sobre la urgente necesidad de frenar la desecación (proceso mediante el cual ocurre la sequía).
De esta manera, en la revista One Earth publicaron los resultados del trabajo realizado por Melissa Cobo, estudiante de Maestría en el Departamento de Ciencias de Cuencas Hidrográficas de la Universidad Estatal de Utah; Tobias Goldhammer, investigador y colaborador del Instituto Leibniz para la Investigación del Agua Dulce (Instituto IGB) en Berlín, Alemania; y por Soren Brothers, exprofesor adjunto de Limnología en la Universidad Estatal de Utah.
Un lago que agoniza en medio del desierto
A medida que el cambio climático agrava la sequía en las regiones áridas, la desecación de los depósitos de agua se acelera con consecuencias para la vida humana.
Los lagos salinos representan a nivel mundial el 44% del volumen y el 23% de la superficie de todos los lagos, su desecación es un fuerte llamado de atención para los gobiernos de los países donde se ubican.
En el caso de Estados Unidos lo que ha sucedido en Utah requiere del esfuerzo de las autoridades estatales y federales para impedir su desaparición. El estudio realizado proyecta que, de continuar las cosas como están, el lago podría desaparecer por completo en 2030.
El trabajo de investigación presentado revela que, tan solo en 2020, se liberaron cerca de 4,1 millones de toneladas de GEI del fondo seco del lago; y el dióxido de carbono representó el 94% de esas emisiones, las cuales a nivel estatal significaron un 7%.
Soren Brothers, uno de los tres investigadores, señaló que la cuenta regresiva para salvarlo inició desde hace años sin que nadie haya querido percatarse de ello, pero en muy poco tiempo el daño provocado por el hombre podría convertir a la región en una zona prácticamente inhabitable.
“La desecación del Great Salt Lake provocada por el hombre está exponiendo enormes áreas del lecho del lago y liberando cantidades masivas de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Es necesario abordar con mayor detalle la importancia de la desecación de los lagos como factor del cambio climático y tenerla en cuenta”, advirtió.
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