Los Everglades, una reserva ecológica que abastece de agua potable a más de nueve millones de personas en el sur de Florida, enfrenta un grave problema de desecación y contaminación. Si esta situación avanza, podría generar un desequilibrio con consecuencias inimaginables, ya que el suministro del vital líquido para los seres humanos se vería comprometido.
Además, este humedal es el hogar de cientos de especies de plantas y animales en peligro de extinción.
Sin embargo, en la década de 1940, los Everglades quedaron aislados del lago Okeechobee, su principal fuente de agua dulce.
Se estima que, desde entonces, cerca de 600,000 hectáreas—una extensión equivalente a la mitad de los Everglades—fueron taladas y drenadas con el objetivo de habilitar terrenos para la construcción de viviendas, así como de canales que facilitaran el transporte.
Como resultado, el ecosistema no solo quedó devastado, sino que también se bloqueó parte del flujo de agua que recorría el “río de pasto” de 300 millas de ancho, hoy conocido como los Everglades.
Además, en ciertas zonas del humedal se inició el cultivo de caña de azúcar y otros productos agrícolas, los cuales en la actualidad son fumigados con pesticidas que luego se filtran en la tierra y terminan contaminando el agua.
Décadas después, al identificar el problema en desarrollo, algunos expertos estiman que la sobreexplotación de esta reserva de agua contribuirá a su evaporación, acelerada incluso por incendios ocasionados por el cambio climático.
A esto se suma un aumento en la demanda de agua debido al crecimiento de la población en el sur de Florida.
Con el objetivo de evitar que la situación se convierta en una catástrofe ecológica, el Congreso aprobó hace 24 años una partida de 20 mil millones de dólares para financiar 68 proyectos de infraestructura simultáneos, centrados en la construcción de un nuevo embalse proyectado para completarse en 2036.
A través del denominado Plan Integral de Restauración de los Everglades (CERP), se busca introducir más agua limpia en los humedales sin inundar las comunidades ubicadas en sus bordes.
En una segunda fase, se plantea que parte del agua de los humedales llegue hasta la bahía de Florida.
Un aspecto clave es que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. brinda asesoría para la construcción de varios embalses de mediana capacidad destinados al almacenamiento de agua. Además, se proyecta la instalación de áreas de tratamiento de aguas pluviales para su depuración, así como estaciones de bombeo y canales para distribuir el agua según la demanda, ya sea hacia el este, el oeste o el sur del lago Okeechobee.
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