¿Alguna vez se han despertado en la madrugada exhaustos y bañados en sudor, y les ha costado conciliar el sueño? Bueno, no están solos. Debido a las altas temperaturas a nivel mundial, entre 2020 y 2025 las personas perdieron en promedio 56 horas de sueño cada año, según un estudio publicado por la organización Climate Central.
“Si bien muchos factores influyen en el sueño, el calor nocturno se está convirtiendo en un riesgo ambiental cada vez más importante a medida que aumentan las temperaturas a nivel mundial y que más personas se trasladan a islas de calor urbanas que intensifican aún más las temperaturas nocturnas”, expresa el estudio.
En casi todas las ciudades analizadas, la incidencia de insomnio asociada al aumento de temperaturas se ha duplicado – como mínimo – desde el inicio de la década de 1970.
En las 253 ciudades de Estados Unidos analizadas, se perdieron en promedio 36 horas de sueño anualmente debido a las altas temperaturas nocturnas. Cuatro de esas horas – lo que representa el 13% – se atribuyen al cambio climático causado por actividades humanas.
Arizona, California, Florida y Nevada fueron las ciudades estadounidenses con las mayores pérdidas de sueño vinculadas al cambio climático: entre siete y nueve horas al año.
Lo que dice el estudio
Para estimar cómo el cambio climático está afectando el sueño en las ciudades, Climate Central analizó la relación entre la temperatura nocturna y el sueño. Consideró tanto las temperaturas observadas como las hipotéticas, es decir, las que se habrían producido en un mundo sin contaminación por carbono.
Se analizaron dos períodos: de 2020 a 2025, y un periodo histórico a principios de la década de 1970. Esto les permitió estimar la cantidad de sueño que perdió la persona promedio debido a las altas temperaturas nocturnas, y qué porcentaje de esta pérdida de sueño se debió al cambio climático.
Entre 2020 y 2025 el calentamiento global, derivado del cambio climático, fue responsable de una porción significativa de la pérdida anual de sueño. Se estima que hubo una pérdida de un 10% de sueño anual, o lo que serían aproximadamente seis horas.
Esto se traduce en casi siete noches de sueño perdidas al año debido a las elevadas temperaturas nocturnas, de las cuales al menos una noche está directamente relacionada con el cambio climático.
“Aunque la cantidad de pérdida de sueño relacionada con la temperatura debido al cambio climático es relativamente pequeña, se ha duplicado aproximadamente a nivel mundial, pasando de unas dos horas al año en 1970-1975 a unas cinco horas al año en 2020-2025”, reseña.
El año 2025 fue el tercero más cálido jamás registrado, sólo superado por los picos históricos de 2023 y el récord absoluto de 2024, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus.

El impacto por regiones
En Estados Unidos Miami y West Palm Beach, en Florida, fueron las ciudades con mayor pérdida de sueño producto del calor extremo: 80 horas. Seis y siete horas de ellas se atribuyen al impacto del cambio climático, respectivamente.
La situación en otros estados fue de menor impacto. Los habitantes de Nueva Orleans, Luisiana, perdieron 61 horas de sueño anuales, y los de Nueva York 35.
En América Latina hubo ciudades que registraron entre 70 y 93 horas perdidas de sueño producto del calor extremo. Acapulco de Juárez, en México, y Barranquilla, en Colombia, lideraron la lista con 93 horas de insomnio.
Le siguieron, con 91 horas perdidas, Cancún, en México; Cartagena, en Colombia; Maracaibo, en Venezuela; y Sao Luiz, en Brasil. Barcelona, en Venezuela, registró 88 horas de insomnio anuales producto del calor extremo. Mientras que Fortaleza y Joao Pessoa, en Brasil; y la Habana, en Cuba; registraron 87 horas.
En Oriente Medio, residentes de Arabia Saudita, Omán y los Emiratos Árabes Unidos experimentaron una reducción anual del sueño de entre 55 y 87 horas debido al aumento de las temperaturas nocturnas.
De ese total, el cambio climático es responsable de la pérdida de 12 a 16 horas Esto representa una pérdida de sueño equivalente a casi dos noches completas cada año.

Qué hacer ante esta realidad
Para conciliar el sueño durante temporadas de calor extremo, tanto los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) como la Asociación Americana del Corazón (AHA) recomiendan mantener una hidratación adecuada durante el día, ducharse con agua tibia antes de acostarse y ajustar la temperatura del dormitorio manteniéndolo lo más fresco posible.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) recomienda a los padres informarse sobre cuánta temperatura y humedad hará en los próximos días para así establecer una rutina. Especialmente si hay bebés y niños menores de 5 años en el hogar, que integran los grupos más vulnerables al calor extremo.
Además, aconseja tener en el hogar un botiquín de emergencia que contenga sobres de sales de rehidratación oral, un termómetro, botellas con agua fresca, toallas o paños de refrigeración húmeda, un ventilador o nebulizador portátil con pilas ,y una lista de comprobación para detectar y tratar los síntomas de estrés térmico.
Para obtener el pronóstico de riesgo de calor en su zona residencial y para tomar las medidas recomendadas para proteger, los CDC aconsejan acceder a su panel de control de riesgos de calor.
Para saber qué centros de enfriamiento quedan cerca de su hogar o trabajo, los ciudadanos pueden contactar al servicio 2-1-1 del estado donde residen o visitar la página web del Centro Nacional para la Vivienda Saludable.

