La contaminación oceánica representa una grave amenaza para la salud y el bienestar de los humanos. En los océanos se concentran metales tóxicos, materiales plásticos, compuestos químicos sintéticos, petróleo crudo, residuos urbanos e industriales, plaguicidas, abonos, medicamentos, efluentes agrícolas y aguas residuales, los cuales impactan la salud de los animales y las personas.
De acuerdo con un estudio sobre la salud humana y la contaminación de los océanos, publicado en la National Library of Medicine, este es un problema extendido y creciente que, en gran parte del mundo, no se está gestionando adecuadamente.
Más del 80% de estos contaminantes provienen de fuentes terrestres, a través de ríos, escorrentía, deposición atmosférica y vertidos directos. “La contaminación suele ser más abundante cerca de las costas y se concentra principalmente a lo largo de las costas de los países de ingresos bajos y medios”, según el estudio.
Contaminación oceánica y la salud humana
El estudio reveló que el metilmercurio y los bifenilos policlorados son los contaminantes presentes en el océano que tienen mayor impacto en la salud humana. Se descubrió que el consumo de mariscos contaminados por mujeres embarazadas puede ser perjudicial para el desarrollo cerebral del feto, incrementando el riesgo de autismo, TDAH, trastornos del aprendizaje y disminuye el coeficiente intelectual.
En adultos, la exposición al metilmercurio se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y demencia.
Los investigadores vieron que sustancias químicas manufacturadas, liberadas en su mayoría a partir de residuos plásticos —como ftalatos, bisfenol A, retardantes de llama y compuestos perfluorados— alteran la señalización endocrina, reducen la fertilidad masculina, aumentan el riesgo de cáncer y dañan el sistema nervioso.
“Las bacterias de algas nocivas (FAN) producen potentes toxinas que se acumulan en peces y mariscos. Al ingerirse, estas toxinas pueden causar deterioro neurológico grave y muerte prematura. Las toxinas de las FAN también pueden transmitirse por el aire y causar enfermedades respiratorias. Las bacterias marinas patógenas causan enfermedades gastrointestinales e infecciones profundas en heridas”, dice el estudio.
Los investigadores advierten que el cambio climático y la creciente contaminación están exacerbando el riesgo de infecciones por Vibrio, incluyendo el cólera, con proyecciones de aumento en su frecuencia y expansión geográfica.
“Necesitamos agua y aire limpios, lo que se traduce en peces sanos con los que podemos alimentar a la gente. Nos preocupan todos los aspectos que permiten al entorno marino funcionar correctamente; no queremos contaminación costera”, dijo Christopher Voss, presidente de la Asociación de Pescadores Comerciales de Santa Bárbara, en el documental Océanos Sanos, Comunidades Fuertes.
Amenazas en el océano
El informe también concluyó que la contaminación plástica representa una seria amenaza para la vida marina. Afecta a mamíferos, peces y aves. Este tipo de contaminación tiende a acumularse en grandes áreas oceánicas y se degrada en micro y nanoplásticos.
Estas partículas contienen químicos que pueden ser absorbidos por los tejidos de los organismos marinos, incluidas especies consumidas por humanos.
Adicionalmente, los vertidos industriales, la escorrentía y las aguas residuales contribuyen al incremento de floraciones de algas nocivas, contaminación bacteriana y resistencia a los antimicrobianos en los océanos.
“La creciente absorción de dióxido de carbono en los mares provoca la acidificación de los océanos, lo que destruye los arrecifes de coral, perjudica el desarrollo de los moluscos, disuelve los microorganismos que contienen calcio en la base de la red alimentaria marina y aumenta la toxicidad de algunos contaminantes”, se añadió el informe.
Los investigadores aseguraron que las consecuencias sanitarias de la contaminación oceánica afectan de manera desproporcionada a las poblaciones vulnerables del Sur Global, lo que representa una inequidad ambiental a escala mundial.

