Ante la sequía que está dejando a la población del sur de California sin agua debido al cambio climático, el gobernador Gavin Newsom plantea la construcción de un gigantesco túnel que tomaría hasta 600 millones de litros de agua por hora del río Sacramento-San Joaquín para encauzarlos hacia el embalse de Betania, donde se luego se distribuiría para atender la demanda en distintas ciudades.
Sin embargo, el proyecto ha generado la preocupación de ambientalistas, agricultores y de habitantes en condados rurales cercanos al río, pues estiman que quitarle agua al afluente tendría impactos devastadores para el ecosistema que depende del estuario más grande de la Costa Oeste, donde hay especies de salmón y otros peces nativos en peligro de extinción.
A esto debe agregarse que varias zonas de cultivo también podrían verse perjudicadas.
De acuerdo con el proyecto presentado por el gobierno estatal, el túnel se extendería cerca de 44.7 millas y le permitiría al Departamento de Recursos Hídricos del estado canalizar agua adicional hacia el sur para abastecer a 27 millones de personas.
Sin embargo, desde la década de los 60 este tipo de proyectos se han venido rechazando por considerarlos perjudiciales para el bienestar de los californianos del norte del estado.
Ambientalistas y científicos en contra del túnel
Gracias a los avances de la tecnología, en la actualidad resulta posible realizar cálculos más precisos con respecto a la afectación que tendría para algunas especies la posibilidad de que disminuya el caudal del río Sacramento-San Joaquín.
Para asimilar la importancia de este afluente es necesario saber que es la primera área de patrimonio nacional de California, el hogar de especies de peces en peligro de extinción y de, al menos, 1,800 usuarios agrícolas del agua, incluidos viñedos y huertos de peras.
Otro aspecto importante es que desemboca en la bahía de San Francisco llevando en su caudal varios tipos de peces que alimentan a los lobos marinos y focas de esa área.
Algunos estudios científicos señalan que, al disminuir el caudal del río, especies de peces como el Salmón chinook de invierno y las truchas verán comprometida su existencia, pues aumentaría la temperatura del agua y quizá hasta la salinidad de la misma.
Barbara Barrigan-Parilla, directora ejecutiva de Restaurar el Delta, expresó su preocupación por la huella ecológica que generaría el proyecto.
“En lugar de imponer los costos de este proyecto despilfarrador a los californianos, el estado debería invertir en soluciones hídricas sostenibles que prometan restaurar el ecosistema del delta, no destruirlo”, comentó Barrigan-Parilla en una entrevista concedida a la agencia AP.
Megaproyecto
La construcción del gigantesco túnel costaría $20,100 millones de dólares que serían financiados por 29 agencias públicas locales de agua.
Un análisis presentado por la firma de consultoría Berkeley Research Group señala que, al comenzar a operar el megaproyecto, podría brindar hasta $38,000 millones de dólares en beneficios, pues respondería a la demanda de agua requerida.
La proyección es que el túnel cuente con 44.7 millas y 136 pies de ancho, para que así se puedan transportar hasta 600 millones de litros de agua por hora: se prevé abastecer de agua a varias ciudades y además regar 303,000 hectáreas de tierras de cultivo.
No obstante, existe un antecedente negativo de otro proyecto similar que no prosperó debido a su enorme costo financiero, al impacto ambiental que representaba y a los cerca de 10 años que implicaba construir los masivos túneles por debajo del delta.
Durante la administración estatal anterior, Jerry Brown, exgobernador de California, propuso el denominado Plan de Conservación del Delta de la Bahía (BDCP).
El objetivo consistía en destinar $14,000 millones de dólares a la construcción de dos túneles que trasladarían el excedente de agua en ciertas zonas del estado a los embalses. Pero se quedó en el papel.
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