Un estudio de la Universidad de Alaska Fairbanks (UAF) cuantificó las emisiones y la absorción de dióxido de carbono (CO2) en dos cultivos de algas marinas situados en el Golfo de Alaska, durante el ciclo de cultivo 2023-2024. Los hallazgos revelaron resultados variados: uno de los cultivos contribuyó a una leve disminución del CO2 en su entorno local, mientras que el otro provocó un aumento.
Las granjas de algas marinas en Alaska son consideradas una posible opción para reducir los niveles locales del CO2 y contribuir en la acción climática, pero esta investigación demostró que tienen efectos ambiguos.
“Es fácil dejarse llevar por la idea de que las algas marinas van a cambiar el mundo, pero en última instancia queremos ser honestos con el público”, expresó Amanda Kelley, profesora e investigadora de la Facultad de Pesca y Ciencias Océanicas de la UAF y colaboradora del estudio, y agregó: “Es un tema muy complejo, y hay muchos factores que afectan la capacidad de las algas para lograrlo”.
Publicado en junio en la revista Ocean Science, el estudio sostiene que durante la temporada estudiada las granjas alternaron entre absorber y liberar CO2 dependiendo de la luz solar, la exposición a las mareas y la respiración de la fauna.
El estudio, en detalle
Los investigadores de la UAF cuantificaron el flujo de CO2 entre el aire y el mar en dos granjas de algas marinas en el norte del Golfo de Alaska, con diferentes condiciones oceanográficas y prácticas de cultivo. El objetivo: determinar el potencial de retención de carbono durante la temporada de crecimiento.
Para ello instalaron sensores en boyas dentro y fuera de las granjas en Windy Bay, cerca de Cordova, y en Kalsin Bay, en la isla Kodiak. Ello les permitió recopilar datos sobre los niveles de oxígeno del océano, el pH, la temperatura, la salinidad y la química del agua. Un trabajo detallado por hora y desde la siembra hasta la cosecha de las algas.
De acuerdo con el estudio, en Windy Bay, se detectaron diferencias en los parámetros de la química del carbonato entre los amarres internos y externos desde noviembre hasta marzo, momento en el que la presión parcial de CO2 del agua de mar dentro de la granja disminuyó con respecto al sitio de referencia.
En Kalsin Bay, en cambio, el amarre interno mostró valores invernales de presión parcial de CO2 del agua de mar de 100 µatm (microatmósferas) mayores que los registrados en el amarre externo.
Se estima que ello pueda ser por la colonización de una biopelícula en las líneas de algas mientras los esporofitos jóvenes aún no estaban maduros. Sin embargo, los valores en ambos amarres convergieron en primavera.
Los resultados
La comparación del movimiento de masas de agua en los amarres internos y externos confirmó que ambos conjuntos de sensores detectaron masas de agua similares. Esto permitió calcular el flujo neto integrado de CO2 aire-mar.
“La salinidad se mantuvo relativamente constante durante el período de despliegue, mientras que la temperatura en ambos sitios disminuyó desde el invierno hasta principios de la primavera, antes de volver a calentarse”, explica la investigación.
Respecto al calentamiento, en las bahías de Kalsin y Windy, se realizaron análisis de correlación cruzada para examinar la relación entre la salinidad y la temperatura. En Kalsin Bay, se observó un desfase de una hora en la salinidad y ningún desfase en la temperatura. En Windy Bay, en cambio, ambas variables mostraron un desfase de una hora.
Estos hallazgos sugieren una notable similitud en las características del agua entre las áreas de amarre interiores y exteriores de ambas bahías.
La granja de Windy Bay registró una modesta disminución en los niveles de dióxido de carbono atmosférico marino en sus proximidades, mientras que la de Kalsin Bay experimentó un aumento.
Aunque las mediciones en ambas granjas continuarán por al menos dos años más, la primera temporada ha revelado que el proceso de absorción y liberación de carbono en el cultivo de algas es inesperadamente complejo y sorprendente.
“Las granjas no necesariamente están causando ningún daño, pero no deberíamos exagerar la idea de que nos van a salvar del cambio climático”, expresó Josianne Haag, líder del proyecto.

