Los incendios forestales de Eaton y Palisades, ocurridos en enero de 2025 en el condado de Los Ángeles, fueron uno de los eventos más significativos en la historia reciente de California.
La magnitud de estos siniestros en el sur de California resultó en 30 muertes y la destrucción de más de 16,000 viviendas. Se estima que aproximadamente 200,000 personas fueron desplazadas, teniendo un tiempo limitado para evacuar. A esto se suman las consecuencias para la salud de los residentes.
El humo de los incendios forestales y las partículas finas tóxicas (PM 2.5) causaron efectos de gran profundidad y duración sobre la salud pública.
El 8 de enero, un sensor ubicado en Chinatown registró 483.7 microgramos por metro cúbico de partículas finas (PM2.5), muy por encima del límite diario federal de 35. Este tipo de partículas, al ser inhaladas, se alojan en los pulmones y el torrente sanguíneo, afectando las vías respiratorias y las arterias, y pueden desencadenar eventos cardiopulmonares como derrames cerebrales o ataques al corazón.

La emergencia de salud pública no terminó con la extinción de las llamas. Las labores de limpieza han expuesto a la población a compuestos tóxicos, algunos con potencial cancerígeno. Las autoridades sanitarias han manifestado especial preocupación por quienes permanecieron en sus viviendas durante el incendio, debido a los posibles efectos a largo plazo.
En contextos de desastres naturales es difícil establecer con precisión cuántas personas fueron atendidas en salas de emergencia o fallecieron como consecuencia directa del humo.
Afecciones como ataques de asma o problemas cardíacos rara vez identifican al humo como causa inmediata. No obstante, el Departamento de Salud informó que las visitas hospitalarias relacionadas con la exposición al humo se multiplicaron por 16 en el condado de Los Ángeles.
Siete meses después, el condado continúa ofreciendo pruebas gratuitas de plomo en sangre en las comunidades afectadas. Sin embargo, la magnitud y duración de las consecuencias todavía son inciertas.
La experiencia ha puesto de relieve la necesidad de mejorar la preparación y respuesta del sistema de salud pública frente a emergencias climáticas cada vez más frecuentes.
¿Qué propició los incendios?
La combinación de bajos niveles de humedad, altas temperaturas y los vientos de Santa Ana propició condiciones extremas, cuyo impacto sigue siendo perceptible meses después de controlado el fuego.
“Hemos visto un incremento en las temperaturas que está causando cambios alrededor del planeta. En ciertas áreas se ven más precipitaciones, más lluvias, en otras áreas menos lluvias, sequías. Así que estamos viendo fenómenos que antes rara vez veíamos”, señaló la Dr. Erika Podest, miembro del equipo de científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

“Normalmente en el sur de California, que es un área muy árida, naturalmente hay un periodo de lluvias y ese periodo de lluvias es a principios de año. Así que durante ese periodo usualmente no se esperan incendios. Los incendios tienden a ocurrir en el verano, en la temporada en la que ya no hay tantas lluvias y las condiciones son más secas”, explicó Podest.
Sin embargo, los incendios ocurridos en enero se registraron en un periodo seco y no llegaron las lluvias. Esas condiciones junto con los vientos de Santa Ana, más fuertes de lo usual, crearon las condiciones para la catástrofe, dijo la experta.
El calentamiento global ha sido identificado como un factor relevante en la intensidad y recurrencia de estos fenómenos.
¿Cómo actuar ante la amenaza de incendios?
Las autoridades recomiendan mantener un plan de evacuación familiar, con rutas alternativas y puntos de encuentro preestablecidos. También se aconseja preparar un kit con documentos importantes, medicinas, agua, alimentos no perecederos y cargadores de dispositivos electrónicos.
El Departamento de Bomberos de California (Cal Fire) señala que es fundamental crear una “zona segura” alrededor de la vivienda, eliminando ramas secas, hojas acumuladas y materiales inflamables en al menos 30 pies de distancia. Esta medida puede reducir significativamente el riesgo de que el fuego alcance las estructuras.
Los residentes deben prestar atención a las alertas oficiales, que pueden incluir evacuaciones de emergencia. Las condiciones de viento y calor pueden acelerar la propagación del fuego en minutos. Salir a tiempo puede marcar la diferencia y salvar vidas.
Además, expertos en salud pública advierten que el humo de los incendios contiene partículas tóxicas que afectan especialmente a niños, personas mayores y con enfermedades respiratorias. Usar mascarillas, especialmente las N95, y limitar la exposición al aire libre durante los incendios es clave para reducir daños a la salud.
Contenido especial de Huella Zero, publicado inicialmente en La Opinión

