En comunidades rurales de Arizona, el acceso a agua potable segura y asequible no está garantizado. Familias de regiones apartadas dependen de pozos privados, sistemas de tratamiento precarios o agua transportada, alternativas costosas y poco confiables.
Con el objetivo de revertir esta realidad, la iniciativa Arizona Water for All (AW4A) de la Universidad Estatal de Arizona (ASU) implementó un proyecto piloto en el condado de Yuma para diagnosticar fuentes inseguras y fortalecer la confianza de las comunidades en soluciones sostenibles.
El proyecto se desarrolla en colaboración con la Rural Community Assistance Partnership (RCAP) y la Corporación de Asistencia de Comunidades Rurales (RCAC). En una primera fase, el equipo de ASU trabaja con 20 viviendas seleccionadas que enfrentan inseguridad hídrica, incluyendo pozos privados, pozos compartidos y pequeños sistemas de tratamiento. Mediante entrevistas en los hogares y análisis de agua, los investigadores buscan ofrecer soluciones técnicas adaptadas a cada contexto.
La labor de campo está dirigida por la científica social Carolina Jordao y el especialista en agua Daniel Salcedo, quienes integran esfuerzos en escucha comunitaria y análisis técnico.
“Se trata de cómo se habla con la gente y se escuchan atentamente sus historias, perspectivas y preocupaciones (…) Eso es lo que hace posible este trabajo. Primero debemos comprender a la gente antes de ser comprendidos”, enfatizó Jordao, destacando la importancia del diálogo profundo con los residentes. Salcedo, por su parte, aporta su experiencia en tratamiento y mantenimiento de sistemas de agua, lo que le permite vincular la ingeniería con el contexto social.
Una pieza clave para el éxito del proyecto es el rol de RCAC, cuyos miembros facilitaron el acceso a los hogares, colaboraron en el diseño de la estrategia de divulgación y apoyaron en la programación de entrevistas y muestreos de agua. Gracias a ese acompañamiento, los investigadores pudieron acceder a espacios privados, algo que suele ser un desafío en comunidades rurales.
Este enfoque se traduce en un modelo modular, descentralizado y adaptativo, que no solo identifica deficiencias en el agua, sino que involucra a los habitantes en el diseño de soluciones.
Durante el trabajo de campo, el equipo registró condiciones adversas: temperaturas superiores a 38 °C, hogares con preocupaciones sobre sabor, olor o depósitos en instalaciones, así como hallazgos de agua con alta dureza y presencia de metales. Además, muchos vecinos desconocían la composición química de su agua, mientras que otros optaron por comprar agua embotellada por temor a posibles riesgos.
Los beneficios preliminares son palpables
Comprobar que el agua es segura alivia una preocupación constante. Además, reducir la compra de agua embotellada disminuye los gastos en hogares de bajos ingresos, y detectar contaminantes fortalece la protección de la salud pública.
En términos de continuidad, el equipo prepara talleres, videos interactivos, capacitación para técnicos locales y la instalación o mantenimiento de equipos, con apoyo de estudiantes y redes comunitarias.
Este año se proyecta expandir el estudio de 20 a 80 hogares adicionales, con miras a consolidar el modelo en comunidades rurales a escala estatal. La clave, según los investigadores, será no solo desplegar soluciones técnicas sino también cultivar la capacidad social para mantenerlas: “Toda intervención técnica tiene un aspecto social”, afirmó Patrick Thomson, investigador de AW4A.
Para RCAC y RCAP, este esfuerzo representa una oportunidad de replicar el modelo a nivel nacional en zonas marginadas que enfrentan inseguridad hídrica.

