Por su ubicación, la Costa Este de Estados Unidos es impactada por el paso de tormentas y huracanes todos los años, principalmente en Florida y Texas.
Uno de los ciclones que generó mayor devastación fue el huracán Milton en el año 2024, un gigante de categoría 3 con vientos que superaron las 111 millas por hora. Este fenómeno no solo azotó la costa con fuerza, sino que además provocó 46 tornados, algunos mortales.
Esta cifra es la más alta registrada en el estado de Florida en los últimos 70 años, superando ampliamente el récord anterior de 15 tornados causados por el huracán Irma en 2017.
Estos fenómenos meteorológicos tienen un impacto que va más allá de lo material; su fuerza puede generar fobias y un terror irracional a tormentas, ciclones o inundaciones en muchos sobrevivientes. Sin embargo, también hay personas que presentan estas fobias sin haber vivido directamente eventos meteorológicos traumáticos.
Fobias relacionadas con el clima
Entre las fobias climáticas más comunes se encuentran: anablefobia, miedo a mirar al cielo; astrafobia, miedo a las tormentas eléctricas, truenos y relámpagos; e iridofobia, miedo al arcoíris.
También destacan la quionofobia, miedo a la nieve; lilapsofobia, miedo a tornados y huracanes; heliofobia, miedo al sol; ancraofobia, miedo al viento o corrientes de aire; homiclofobia, miedo a la niebla; termofobia, miedo al calor o a altas temperaturas; criofobia, miedo al frío extremo; y antlofobia, miedo a inundaciones. Todas ellas demuestran cómo los fenómenos naturales pueden perjudicar la salud mental.
Richard Pacheco Lugo, licenciado en psicología general, explicó a Huella Zero por qué algunas personas desarrollan fobias.
“Obedece a dos factores principales, el primero es de índole biológico, por ejemplo, se sabe que todos los seres humanos sentimos aversión automática a las serpientes. Esta fobia generalizada aparece como respuesta adaptativa a la peligrosa interacción que hemos tenido con ellas desde tiempos remotos, por lo tanto, es un mecanismo predispuesto de supervivencia y es totalmente natural”, detalló.
El segundo factor, señaló, está relacionado con experiencias de vida intensas, como eventos traumáticos, los cuales pueden ser inducidos o no.
Un ejemplo conocido es “el experimento del pequeño Albert”, en el que, mediante técnicas psicológicas, se indujo artificialmente una fobia hacia ciertos animales en un niño que antes no tenía aversión hacia ellos.
Pronóstico de huracanes para 2025
La temporada de huracanes, iniciada el 1 de junio y que culminará el 30 de noviembre de 2025, será superior al promedio histórico en la cuenca del Atlántico con una probabilidad del 60%, según estimaciones del Servicio Meteorológico Nacional de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).
Esto implica que los residentes de las costas atlánticas y caribeñas deberán prepararse ante un posible incremento en la formación e intensidad de tormentas tropicales y huracanes.
Las proyecciones también indican una probabilidad del 30% de que la temporada permanezca dentro de los estándares habituales y solo un 10% de que la actividad sea inferior a lo normal.
La NOAA pronostica entre 13 y 19 tormentas con nombre (con vientos desde 63 km/h), de las cuales al menos seis podrían convertirse en huracanes.

