Los humedales son ecosistemas en los que el agua es el elemento dominante que influye en las características ambientales y en los ecosistemas asociados. Esta definición engloba masas de agua dulce, zonas marinas y costeras, incluidos lagos, ríos, acuíferos subterráneos, pantanos, marismas, pastizales húmedos, turberas, oasis, estuarios, deltas, manglares, arrecifes de coral y sitios creados por el ser humano, como estanques piscícolas, arrozales, embalses y salinas.
Desde 1997, cada 2 de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales con el objetivo de concienciar sobre sus beneficios y la importancia de su conservación. Este año, el lema es: “Humedales y conocimientos tradicionales: Celebrando el patrimonio cultural”.
La campaña de 2026 sobre los humedales destaca las conexiones entre estos ecosistemas y las prácticas culturales, las tradiciones y los sistemas de conocimiento de las comunidades a nivel mundial, por lo que son considerados patrimonio cultural y natural.
La organización del World Wetlands Day explica que, en diversas culturas, los humedales funcionan como paisajes integrados en la identidad, el arte y la espiritualidad. Muchos pueblos los consideran sagrados y creen que albergan espíritus ancestrales o que son lugares ceremoniales.
“Las canciones, bailes, festivales y tradiciones orales se centran a menudo en los ciclos de vida de estos ecosistemas. Los humedales sirven frecuentemente como aulas informales donde los ancianos transmiten conocimientos ecológicos a las generaciones más jóvenes”, puntualizan.
La importancia de los humedales

Existen diversos tipos de humedales, pero todos comparten una función vital: actuar antes, durante y después de los desastres naturales para mitigar su impacto y permitir que las comunidades se recuperen. También protegen las costas del aumento del nivel del mar y de las marejadas ciclónicas.
Además, los ecosistemas de “carbono azul” —especialmente los humedales costeros como manglares, praderas marinas y marismas salinas— capturan constantemente dióxido de carbono de la atmósfera y acumulan grandes cantidades en los suelos y sedimentos.
Aproximadamente una de cada ocho personas depende de los humedales para su sustento, lo que representa a más de mil millones de personas en todo el mundo, explica la organización.
Más allá de ser un medio de subsistencia, estos ecosistemas garantizan la seguridad alimentaria; millones de personas se sustentan mediante la pesca, actividades agropecuarias, la artesanía y los recursos medicinales que ofrecen.
“Estos medios de vida suelen estar ligados a la identidad cultural y se basan en conocimientos transmitidos por generaciones. Desde la elaboración de artículos con papiro en África hasta el cultivo de arroz en las zonas aluviales de Asia, las prácticas tradicionales reflejan una comprensión profunda de la dinámica de los humedales”, señala el equipo de .
¿Cómo conservarlos?
Las rápidas transformaciones económicas de las últimas décadas, junto con la contaminación derivada de ellas, representan una creciente amenaza para la conservación de estos patrimonios.
Para preservarlos, la organización explica que se debe crear conciencia sobre la protección de los humedales, promoviendo simultáneamente medios de subsistencia que beneficien tanto a las personas como a la naturaleza.
“Un reto importante es cambiar las mentalidades para animar a los gobiernos y comunidades a valorar y priorizar los humedales. Estos esfuerzos deben incluir un enfoque centrado en las personas para entender las necesidades de quienes dependen de estos ecosistemas”, expresa.
Finalmente, la organización destaca que técnicas tradicionales como la poda, el deshierbe, la resiembra y la quema controlada han contribuido históricamente a mantener los humedales, garantizando el acceso a especies de importancia cultural y previniendo incendios a gran escala. “Las técnicas tradicionales de quema, las migraciones estacionales y los patrones de uso de la tierra son ejemplos de prácticas climáticamente inteligentes profundamente arraigadas en el conocimiento cultural”, agrega.

