
Vistas de Seattle desde el oeste de la ciudad
La belleza natural y accidentada geografía de esta región costera esconde una creciente lista de amenazas para la salud ecológica de Puget Sound. Por ejemplo, la contaminación causada por el plástico presenta un peligro directo para la vida silvestre, su hábitat y los seres humanos.
Ya sea durante la producción, incineración o deterioro, los objetos plásticos de todo tamaño y las partículas visibles solo con un microscopio cargan sustancias tóxicas que contaminan las aguas del estrecho de Puget.
Los trozos más pequeños (menos de 0.2 pulgadas o 5 milímetros) son los más comunes que se encuentran en el océano pero también los más dañinos. Debido a su composición petroquímica, estas partículas pueden actuar como esponjas que atraen otras sustancias contaminantes y químicos tóxicos. La ingesta de estas micro partículas de plástico causan trastornos a los sistemas inmunológicos y reproductivos de la fauna marina.
Es un problema que conocen de cerca en el Acuario de Seattle, un recinto ubicado a lo largo del malecón central de la ciudad (Seattle Waterfront), una zona de 26 cuadras que combina imponentes vistas de la Bahía de Elliot con importantes atracciones turísticas. En la actualidad, el área es un imán para todos los que visitan la ciudad en busca de esparcimiento, pero también de conexión con la belleza del océano. Los millones de residentes y turistas que cada año transitan por el sector tienen la oportunidad de visitar desde una de las portadas obligadas, la Gran Rueda de Seattle, una atracción de 174 pies de alto que, al abrir en el 2012, era la rueda de la fortuna más grande de la Costa Oeste de los EE.UU. También hay infinidad de tiendas de recuerdos turísticos y restaurantes que ofrecen platillos clásicos como croquetas de cangrejo, ostiones en su concha o salmón en varias preparaciones. Sin duda, el turismo es clave para la prosperidad económica de la zona, pero este mismo flujo de personas que abarrotan las tiendas y restaurantes es responsable, a menudo sin saberlo, de este tipo de contaminación. A veces puede ser tan simple como las fibras que se desprenden de su ropa y caen en los sumideros, terminando en las aguas del estrecho.

Foto del Malecon en Seattle
El Acuario de Seattle es una de las organizaciones que recolectan y diseminan la evidencia científica sobre la verdadera dimensión del problema de los micro plásticos. Por su ubicación frente a la Bahía de Elliot, los investigadores de la entidad pueden fácilmente recolectar muestras del agua para examinar el problema, explica Nora Nickum, Gerente de Políticas Marinas del acuario. En la actualidad, Nickum se enfoca en la promoción de leyes y políticas que mejoren la protección del océano y sus habitantes.
Foto del Acuario de Seattle
Un estudio realizado por casi la totalidad del 2019 y 2020 comprobó la prevalencia de los micro plásticos. Cada dos semanas, los científicos del acuario examinaron 26 galones (100 litros) de agua salada a una profundidad de aproximadamente 30 pies debajo del acuario “y han encontrado micro plásticos en todas las muestras que han estudiado. Muchos de los micro plásticos que encontraron son fibras de ropa que pueden caer de nuestra ropa cuando caminamos en la calle y después la lluvia los lleva hacia el mar. También pueden venir cuando lavamos la ropa en casa. Esos pedacitos caen de la ropa, van a la planta de tratamiento de aguas residuales y luego al mar. Y nos preocupan ambas cosas, los pedazos grandes y los chiquitos”, dice Nickum.
Estos son ejemplos de las micro partículas que se encontraron en las muestras. El largo oscila entre los 100 y 1,000 μm(micrones). En comparación, un grano de arroz mide de 7,000 a 9,000 μm.

Crédito: Acuario de Seattle. Ejemplos de diferentes morfologías y colores, donde las fotos son muestras representativas de A) Lamina Azul, B) Fibra Azul, C) Fragmento Azul, D) Fibra Negra.
Inicialmente, la meta del acuario era determinar la base de referencia de la concentración de micro plásticos en la Bahía de Elliot para hacer comparaciones a futuro, pero, el estudio comenzó en los meses previos a la pandemia de COVID-19 y continuó durante el primer año de la contingencia sanitaria, periodo en que el turismo bajó drásticamente en Seattle. Este fenómeno ayudó a observar un cambio también drástico: hubo una notoria disminución en la concentración de partículas después del 10 de abril de 2020, cuando la actividad comercial en el Estado de Washington se suspendió por orden del Gobernador Jay Inslee. Así la pandemia ayudó a revelar la dimensión de los efectos de la influencia humana en la contaminación del estrecho.
Entre las conclusiones del estudio, también están los siguientes:
- Todas las micropartículas analizadas contenían plásticos generados por los seres humanos (antropogénicos).
- Las fibras de plástico fueron las micropartículas más comunes. En su mayoría, eran fibras de ropa.
- Las concentraciones de micro plásticos variaron entre 0 a 3.4 partículas por galón (o 0-0.64 partículas por litro).
Los científicos del acuario ahora temen que un próximo estudio de las aguas de la bahía muestre un aumento considerable de la concentración de micro plásticos con el retorno de la actividad turística a niveles pre-pandemia. Sin embargo, el pronóstico podría quedarse corto por un factor adicional, el gran aumento en el uso de plásticos de uso único y material descartable en aras de la prevención de contagios del COVID-19.

Nora Nickum, Gerente de Políticas Marinas del acuario de Seattle
“Por cuestiones de salud, muchas empresas y mucha gente cambió a usar cosas disponibles y cosas en paquetes individuales para evitar el virus. Luego los estudios mostraron que el virus no se quedaba tanto en esas cosas y no necesitábamos hacer ese cambio, pero es difícil regresar a como era antes”, dice Nickum.
La presencia de micro plásticos en el océano plantea un problema a largo plazo ya que no existe todavía una forma efectiva de eliminarlos. “Una vez que están ahí en el medio ambiente, es muy difícil limpiar el mar. Las cosas grandes quizás sí en una playa alguien va a ponerlas en la basura, pero los micro plásticos, no hay manera ahora de sacarlos del agua”, dice Nickum.
Por eso, evitar este tipo de contaminación es urgente. Tanto el Acuario de Seattle como la comunidad científica recomiendan cambiar los hábitos sobre el consumo de plásticos de varias maneras:
- Usar bolsas reutilizables para hacer compras en supermercados u otros establecimientos comerciales.
- Evitar el uso de cubiertos de plástico y buscar alternativas sostenibles.
- Comprar ropa que no contenga microfibras sintéticas como poliéster, nylon, acrílico o poliamida.
- Evitar la compra de botellas y envases de un solo uso.
Pero para Nickum, hay estrategias que pueden tener un impacto más rápido y a gran escala. “Estamos haciendo algunos de esos cambios ya, pero ayuda mucho cuando la gente se comunica con sus legisladores y dice, ‘Nosotros queremos que ustedes pasen esas leyes’. Porque una organización sola tiene dificultades en hacer todos esos cambios, pero cuando la gente pide cambios, más cosas pueden cambiar”.
Entre las leyes que se han impulsado con éxito en el estado de Washington para reducir la contaminación de plásticos está la SB-5323, aprobada durante la sesión legislativa del 2020 para prohibir la distribución y entrega de bolsas plásticas de un solo uso en comercios, restaurantes, supermercados y festivales. Esta norma también establece el cobro de 8 centavos de dólar por bolsas de papel y fija parámetros sobre los insumos para la fabricación de bolsas reutilizables. Aunque entró en efecto recién en octubre del 2021 debido a un retraso ocasionado por la pandemia, la comunidad ambientalista celebró su implementación.
Asimismo, la Legislatura de Washington aprobó el 2021 la ley SB-5022, la cual prohíbe el uso de la espuma plástica o de poliestireno en la fabricación de amplia variedad de productos de consumo, como contenedores de comida para llevar. Así, Washington se convirtió en el sexto estado de EE.UU en adoptar leyes que prohíben la espuma plástica, considerada por la comunidad científica como extremadamente nociva para el medio ambiente por sus altos niveles de químicos tóxicos y la extrema dificultad y costo del reciclaje.
Sin embargo, el activismo y cabildeo legislativo seguirá siendo una necesidad a futuro. “Algunos países y algunos estados ya tienen leyes que requieren que los fabricantes de productos plásticos paguen por un sistema de reciclaje que funcione mejor para que, por ejemplo, toda la gente que vive en el estado tenga un servicio de reciclaje gratis, para que los productores que usen materiales más sostenibles paguen menos, entonces hay ese incentivo de cambiar el diseño de productos y contenedores para que sean cosas más fáciles de reutilizar o de reciclar. Todo eso puede… transformar el sistema para que haya menos producción plástica, más producción de otras cosas sostenibles y haya menos basura que vaya al mar”, concluye Nickum.
Más allá de difundir la evidencia científica y las políticas estatales, el Acuario de Seattle también tiene el propósito de inspirar una conexión emotiva entre las personas que viven y visitan Puget Sound con la vida silvestre y el medio ambiente.

Visitante interactuando con las anemonas en la piscina abierta al publico en el Acuario de Seattle
“En el Acuario, por ejemplo, tienen una exhibición de mareas y si tocas a un erizo de mar, va a poner sus espinas alrededor de tu dedo. Y esa interacción hace que me sienta conectada y desarrolle compasión por esa criatura… Y me hace querer tomar acción cívica y tener conversaciones y aprender más. Entonces, al darle a las personas ese poder, esa motivación, creo que la empatía genera esa especial conexión”, explica Gabi Esparza, Docente de Empatía, del Acuario de Seattle.
El Programa de la Empatía ofrece oportunidades a representantes de comunidades históricamente marginadas para el desarrollo personal y profesional, así como el apoyo económico por un año.
El acuario tiene un amplia gama de iniciativas dedicadas a incentivar el aprendizaje y la participación de las comunidades de color del área de Puget Sound:
Conexiones Comunitarias: ofrece entrada gratuita y descuentos de membresía para algunas organizaciones.
Visitas virtuales: permite conocer el acuario desde lugares remotos del estado de Washington.
Naturalistas en las Playas: Más de 200 voluntarios ofrecen paseos con guías durante el verano.
Regreso de los Salmones en el Río Cedar: Voluntarios ofrecen orientación en el río Cedar en el otoño, cuando los salmones regresan a su lugar de origen para completar su ciclo reproductivo.
Además, el acuario se ha unido al Consulado General de México en Seattle para proveer parte del contenido educativo de estos programas en español.
Para el acuario es importante incentivar la participación de todos los habitantes de Puget Sound en la conservación del medio ambiente, ofreciendo estas oportunidades para desarrollar una relación más íntima con la vida silvestre y el medio ambiente en aras de inspirar cambios de comportamiento, por pequeños que parezca, que apoyen los objetivos medioambientalistas.
“Algunas acciones pueden parecer insignificantes, como no usar botellas plásticas o recoger un pedazo de basura, pero al realizar estas acciones, uno está mostrándole al planeta y a la vida silvestre que te importan y que la energía no se desperdicia, aunque la crisis que enfrentamos parezca abrumadora”, añade Esparza.

