Con el objetivo de proteger a las comunidades de la contaminación y mejorar la salud pública sin interrumpir el suministro de electricidad, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) presentó nuevas reglas para reducir la contaminación de las centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles.
De esta manera, apoyándose en la Ley de Aire Limpio, la Ley de Agua Limpia y la Ley de Recuperación y Conservación de Recursos, el gobierno federal pretende disminuir el impacto negativo con el entorno a la par de promover la justicia ambiental y enfrentar el cambio climático.
Las nuevas reglas del juego
Bajo un nuevo enfoque, se pretende controlar hasta 90% de contaminación de carbono en las centrales eléctricas existentes alimentadas con carbón y también en las nuevas que operan con gas natural.
A fin de ser más respetuosos con el medioambiente, se actualizarán los Estándares de Mercurio y Tóxicos del Aire (MATS) bajo los cuales operan las centrales eléctricas que funcionan con hidrocarburos.
De esta manera, se espera que las emisiones de metales tóxicos vertidos a través de aguas residuales puedan disminuir hasta 70%, lo cual beneficiará a varias comunidades.
Sin embargo, se requerirá de un manejo más seguro de las cenizas de carbón emitidas por las centrales, las cuales se colocaban en áreas que hasta ahora no estaban reguladas a nivel federal y se incurría en el riesgo de que se filtraran hacia el subsuelo.
Aire menos contaminado
Con respecto a los estándares de la Ley de Aire Limpio, se proyecta que en 2047 se reducirán 1,380 millones de toneladas métricas de contaminación por carbono, cifra equivalente a evitar las emisiones anuales de 328 millones de automóviles que emplean gasolina.
De este modo habrá beneficios para la salud pública: se espera prevenir hasta 1,200 muertes prematuras y erradicar hasta 360,000 posibles casos de asma; además, también disminuirán las ausencias de trabajadores por motivo de enfermedad y de estudiantes afectados por la contaminación en las instituciones educativas.
Asimismo, la EPA busca fortalecer y actualizar los Estándares de Mercurio y Tóxicos del Aire (MATS) emitidos por las plantas de energía alimentadas con carbón, lo cual se traduce en reducciones de hasta 70% de emisiones de contaminantes peligrosos del aire.
De esta manera, el objetivo es que en los próximos cuatro años se dejen de emitir al menos 1,000 libras de mercurio, 280 toneladas de óxidos de nitrógeno y al menos 65,000 toneladas de dióxido de carbono.
Agua más fácil de tratar
Con respecto a la descarga de aguas residuales de plantas de energía alimentadas con carbón, la EPA busca reducir los metales tóxicos y otros contaminantes que terminan en lagos y arroyos.
Más de 660 millones de libras de contaminantes que incluyen mercurio, arsénico, selenio, níquel, bromuro, cloruro y yoduro, dejarán de fluir hacia las fuentes de agua limpia como los ríos.
Para ello, se exige darles un trato distinto a las aguas residuales de las centrales eléctricas, que pueden contener residuos de los procesos de producción de energía.
Finalmente, la EPA también se enfocará en bajar la contaminación proveniente de la eliminación de residuos de la combustión de carbón (CCR o cenizas de carbón), los cuales pueden causar graves riesgos para la salud pública.
Cabe señalar que este contaminante es un subproducto de la quema de carbón en centrales eléctricas que, sin una gestión adecuada, llega a afectar a los cuerpos de agua como embalses, aguas subterráneas y al aire.
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