“Somos lo que comemos, lo que tomamos y lo que respiramos, así de fácil. Y si el agua está contaminada, si el aire está contaminado y si la tierra está contaminada, nosotros estamos contaminados, estamos enfermos”, es así, con lenguaje sencillo y directo, como la oceanógrafa Rocío Lozano-Knowlton resume la importancia de cuidar el medio ambiente.
Para ella, la protección del océano es vital: “El oxígeno de dos de cada tres respiraciones que tomamos vino del mar”.
Ambos conceptos son simples, pero pocos gobernantes los han implementado en sus políticas públicas. Son contados los lugares del planeta donde han establecido normativas que defiendan el medio ambiente. Entre ellos está California en la Costa Oeste de EE. UU., donde vive Lozano-Knowlton.

Ella ha dedicado su vida profesional a la conservación del océano. Llegó a Santa Bárbara hace más de 20 años, donde a corta distancia de la costa existe un tesoro marino.
El exitoso caso del Santuario Marino Nacional Channel Islands
El Santuario Marino Nacional Channel Islands (CINMS) abarca 1,470 millas cuadradas alrededor de cinco islas: Anacapa, Santa Cruz, Santa Rosa, San Miguel y Santa Bárbara.
Se les conoce como las Galápagos del norte por la diversidad de ecosistemas y especies que contiene. Es una red de distintos tipos de Áreas Marinas Protegidas (AMPs) destinadas a preservar los diferentes hábitats marinos.
En sus aguas conviven lobos marinos, ballenas, peces, corales y bosques submarinos de algas. Pero su valor trasciende lo biológico. Representa un modelo exitoso de cómo una gestión responsable de estas áreas puede regenerar hábitats enteros.
“Eso ha traído que todo el ecosistema dentro de esa reserva esté más sano y sea más capaz de soportar otros estresores, como el calentamiento del agua o la acidificación de los océanos. Es un sistema más resiliente, más fuerte”, explica Lozano-Knowlton.
El santuario se fundó en 1980, pero en 2003 se estableció una red de 13 reservas, el 21% de sus aguas, en donde no se permite la pesca. Los resultados positivos comenzaron a verse a los pocos años, pero al término de la primera década, los científicos notaron dos señales inequívocas de recuperación:
- Más vida marina. Aumentó la densidad o el número total de organismos.
- Vida marina más grande y abundante. Creció la biomasa o el peso total de los organismos.
Ambos fenómenos, son el principal indicador que los científicos utilizan para evaluar la salud de las áreas destinadas a proteger la vida marina.

¿Qué es un Área Marina Protegida?
Aunque tienen distintas definiciones, en general, un Área Marina Protegida (AMP) es una región geográfica del mar designada para asegurar los recursos marinos, servicios o herencia cultural.
Los detalles varían según su jurisdicción. Según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), existen dos tipos principales de AMPs:
- Reservas marinas de “no captura” (no take, en inglés) en las que se prohíbe la extracción de organismos o recursos.
- Áreas marinas de uso múltiple. Permiten actividades como la pesca, el turismo y la navegación.
Los estudios científicos comprueban que cuando las AMPs son gestionadas eficazmente se convierten en una herramienta que otorga un sinfín de beneficios.
“La salud del océano a través de la creación de las áreas marinas protegidas es una de las acciones climáticas políticas económicas más importantes que debe existir hoy día en el planeta. Creándolas, vamos a tener un océano saludable para el futuro, pero además también vamos a poder combatir el cambio climático. Vamos a poder combatir la pobreza porque hay montones de comunidades… que vive del mar”, explica Max Bello, experto global de AMPs.
El concepto es sencillo. Si le damos tiempo y espacio, el océano se recuperará.
“Si tú tienes un jardín y dejas un lugar tranquilo, ese jardín va a florecer para tener un montón de cosas que incluso ni siquiera plantaste van a llegar ahí”.
California y su red de Áreas Marinas Protegidas
Las costas del “Estado Dorado” albergan una historia de conservación oceánica merecedora de su actual reconocimiento mundial. En 1999, la Ley de Protección de la Vida Marina establece un sistema para diseñar e implementar una red de 124 AMPs interconectadas. Algunas de las zonas protegidas del santuario (CINMS) son parte de esta red, por ejemplo.
“¿Cómo se conectan? Porque ciertas especies se mueven de un lugar a otro sobre todo en el mar, pero las larvas de ciertas especies también viajan de un lugar a otro. Entonces, estos ecosistemas están conectados y hacen que sean más sanos unos y otros, porque también la diversidad de especies hace que en el fondo los ecosistemas puedan ser también más sanos y resilientes”, explica la científica Manuela Díaz, coordinadora del programa Acceso al Océano de la Fundación de Santuarios Marinos de California.

Además, las zonas protegidas comparten sus riquezas con entornos que no tienen la misma designación gracias al efecto desbordamiento (spillover en inglés).
“Si protegemos una zona, es como una cuenta de un banco en el fondo que estamos ahorrando. ¿Por qué? Porque en el fondo estamos protegiendo esta zona para poder tener más especies alrededor también. Porque no es estático. El mar no es un lugar estático. El mar es un lugar… las corrientes, las especies se mueven. Entonces, al proteger esta zona específica permitimos que las especies crezcan, que se reproduzcan, que haya mayor cantidad y también tamaño, biodiversidad, y eso también va a permitir que se expanda a otras áreas en el océano”.
Díaz comparte la visión del estado de California: uno de los beneficios principales es que estas zonas están abiertas para el disfrute de sus visitantes.
“Su principal objetivo es proteger recursos naturales, pero también culturales… proteger estos espacios marinos para poder asegurar que las personas puedan seguir gozando de estos recursos marinos, pero de manera responsable y de manera sostenible y a largo plazo”.
Y para amplificar este mensaje, es vital contar con el apoyo de organizaciones comunitarias que compartan la misión medioambientalista.
El apoyo comunitario, vital para la defensa de las AMPs
En una mañana fresca de otoño, días antes del inicio del año escolar, maestros y científicos se preparan para una visita importante a la Isla Santa Cruz, una de las cinco que conforman el Parque Nacional Channel Islands. Para llegar hay que navegar por las aguas del santuario.
Esta no es una visita meramente recreativa, se trata de una misión educativa de la Fundación MERITO.
“Nuestra visión es un mar saludable, sano, cuidado por comunidades costeras, independientemente de la raza, la etnia, el lenguaje, pero que todos le tengan cariño al mar”, explica Rocío Lozano-Knowlton, oceanógrafa y cofundadora de la organización.
En el trayecto, los maestros realizan proyectos de investigación científica que luego compartirán con sus alumnos.

Esta es una de las tantas actividades que organiza la fundación. Muchas incluyen a estudiantes. A la fecha, han llevado a las costas y al mar a más de 35,000 adolescentes con fines de aprendizaje, pero también para disfrutar de la naturaleza.
“Se divierten, entonces le pierden el miedo al mar. Se divierten, le toman cariño a esa playa, a ese mar, ese río. Si lo monitorean y ven su salud, van a hacer algo al respecto y ganan, como decirlo, propiedad sobre ese lugar”, explica Lozano-Knowlton.
MERITO se dedica a inculcar este amor al océano a jóvenes con la esperanza de inspirar un futuro ligado a la protección del planeta.
“Hemos tenido estudiantes que nos escriben que están estudiando ingeniería ambiental o unos se han ido a hacer abogacía o leyes ambientales otros científicos biólogos marinos”, cuenta Lozano-Knowlton.
Esta es una contribución fundamental para las AMPs. El éxito de los programas de conservación marina depende del apoyo de las comunidades que entienden que de la salud del mar depende su salud y, muchas veces, su bienestar económico.
La estrecha alianza entre la conservación y la economía
La protección marina puede convivir en armonía con una economía próspera. Esto ha quedado más que demostrado en el santuario de Channel Islands, una fuente de turismo sustentable y de empleos para las comunidades cercanas.
“El turismo busca pescado fresco y sobre todo local. Entonces, pues aquí hay”, dice Miguel Ávila, cofundador de la Cámara de Comercio Hispana de Santa Bárbara.
El santuario y las aguas circundantes se han convertido en el motor económico de la región.

“La marina genera mucho impuesto para la ciudad, genera empleo y, sobre todo, la mayoría de los empleados son latinos”, añade Ávila.
Según el Parque Nacional Channel Islands, recibieron más de 250,000 visitantes en 2024, con un impacto económico estimado de 18 millones de dólares en las comunidades vecinas.
Y uno de los primeros estudios de NOAA, entidad que maneja el santuario, indica que la pesca comercial y el ecoturismo han generado 3,300 empleos en siete condados de la costa central de California.
Aunque solo el 21% del santuario está cerrado a la pesca comercial, se ha demostrado que la coexistencia entre conservación y aprovechamiento es posible.
“Esta zona es una de las de mayor producción y valor de pesca en el estado de California… Su abundancia es robusta gracias a la productividad del sistema frente a nuestras costas”, dice Chris Voss, presidente de la Asociación de Pesca Comercial de Santa Bárbara (CFSB).

“Los pescadores dependemos de un ambiente marino productivo. Necesitamos agua limpia, aire limpio… Eso lleva a un pescado limpio, a un producto valioso del que podemos vivir y con el que se alimenta la gente. Es un beneficio económico para todos”, añade.
Más allá de la pesca, el santuario actúa como un motor para el turismo marino —buceo, kayak, avistamiento de ballenas— y para empresas de servicios vinculadas a la recreación costera y al ecosistema protegido. Según un resumen de NOAA, las actividades de recreación sin extracción generaron unos ingresos de aproximadamente 1 millón USD para 1999 sólo en el segmento de paseos en barco, y se estimaron 40 millones USD en ventas por pesca recreativa ese mismo año.
En conjunto, CINMS no solo conserva un entorno marino de alto valor ecológico, sino que actúa como sustento económico tangible para comunidades costeras de California, al combinar pesca, recreación y turismo en una sinergia que beneficia tanto el medio ambiente como la región. Y este beneficio económico es, en parte, el motivo por el que las comunidades defienden las AMPs, incluso de amenazas que llegan desde lejos.
2025: Un giro significativo en las políticas federales de conservación
El éxito de los santuarios marinos no los exime de desafíos. Y a veces, los riesgos no vienen del mar, sino de la Casa Blanca. En lugar de ampliar o reforzar los espacios de protección, el enfoque ha sido reducir restricciones abriendo zonas a la pesca comercial.
“Una de las decisiones más preocupantes de la administración actual ha sido revertir las promesas de proteger áreas marinas, especialmente la iniciativa 30×30, que buscaba proteger el 30% de las áreas marinas para 2030”, advierte la bióloga Frances Colón, directora senior de Política Climática Internacional en el Center for American Progress.
Ahora la postura es catalogar a las AMP no como instrumentos de conservación sino como potenciales barreras al crecimiento económico.

“En abril de este año, la administración abrió alrededor de medio millón de millas cuadradas del Océano Pacífico a la pesca industrial y la minería del fondo marino”, explica Colón.
Además de abrir a la pesca comercial el Monumento Nacional Marino del Patrimonio de las Islas del Pacífico situado en el Océano Pacífico central, la actual administración levantó la prohibición de la actividad económica en el Monumento Nacional Marino de los Cañones y Montes Submarinos del Noreste, que abarca unos 4,913 millas cuadradas frente a la costa de Nueva Inglaterra.
La principal preocupación de la comunidad científica es que este cambio de actitudes puede debilitar las comunidades costeras y poner en riesgo la biodiversidad marina.
“Cuando las áreas protegidas están bien diseñadas y bien gestionadas, logramos que los ecosistemas florezcan y crezcan robustamente”.
De ahí la importancia de elegir a líderes comprometidos.
“Si no tenemos medio ambiente saludable y no tenemos agua limpia, aire limpio, un ambiente libre de contaminación, un ambiente donde protegemos el planeta y aseguramos un futuro climático, no podemos tener asegurado el futuro económico de nuestras comunidades y nuestras familias. Por eso necesitamos tomar una decisión cuando vamos a las urnas, a votar por líderes que sí apoyan la agenda climática y ambiental y nuestro futuro globalmente”, añade Colón.
El inquebrantable vínculo entre el futuro del océano y el del planeta
La salud del océano está íntimamente ligada con la de nuestras comunidades. Cuidarla es cuidarnos a nosotros mismos.
“La mejor forma en que podemos tener mucho más resiliencia es crear un océano con mayor salud y pensar en el futuro; en el futuro del océano como en el futuro de la humanidad”, explica Max Bello, experto global en políticas marinas.
Cada ola que toca las costas nos recuerda que el planeta late al ritmo del mar.
“Las algas marinas producen casi dos terceras partes del oxígeno que respiramos. Y se mueren con la contaminación y el calentamiento global… son importantes porque absorben el exceso del dióxido de carbono que nosotros producimos… Entonces el cuidado ambiental no es un privilegio, no es para los que tengan tiempo, es una necesidad para todos”, dice la oceanógrafa Rocío Lozano-Knowlton.
En sus aguas se escribe, día a día, la historia de nuestra supervivencia.
“Todos nos preocupamos porque el medio ambiente nos sirva la economía, pero también sirva para nuestra salud. El hecho de que haya un océano saludable, el que haya aire limpio, aguas limpias, todo esto lleva a corto y largo plazo a la salud de nuestras comunidades”, dice la bióloga Frances Colón.
Y el futuro del océano, como el nuestro, se escribe con cada decisión que tomamos.
“En el fondo, el futuro no solo es para nosotros ahora sino que para las generaciones futuras, para que puedan seguir gozando de sus beneficios en espacios sanos”, añade la científica Manuela Díaz.

