Europa enfrenta una secuencia cada vez más frecuente de olas de calor, incendios forestales y sequías. La ONU advirtió recientemente que estos episodios extremos continuarán aumentando a medida que el cambio climático genere condiciones más cálidas y secas.
Los incendios han arrasado casi 6 millones de hectáreas entre Norteamérica y Europa. Al mismo tiempo, una sequía severa y prolongada afecta los caudales de importantes ríos europeos, entre ellos el Rin y el Danubio.
La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE) considera que la actual temporada de incendios evidencia los efectos del calentamiento global en distintos países del continente.
“Esta temporada de incendios que hemos visto en varios países de Europa, en Francia, en España y ahora que se extiende por Grecia y otros países de la zona, es un testimonio de lo que provoca el cambio climático”, dijo el portavoz de la UNECE, Jean Rodríguez, a Noticias ONU.
Rodríguez explicó que el calentamiento global favorece incendios de grandes dimensiones. Estos liberan dióxido de carbono a la atmósfera y contribuyen, a su vez, al cambio climático, generando un ciclo que se retroalimenta.
“Tenemos un ambiente mucho más cálido, olas de calor, bosques que están mucho más secos y la tierra, ella misma, que está mucho más seca; con unas condiciones muy favorables al desarrollo de incendios masivos y de grandes proporciones. Eso es lo que estamos viendo”.
España y Francia están entre los países europeos más afectados
En España, el megaincendio registrado a finales de julio en la provincia de Ávila y la Comunidad de Madrid quemó más de 200.000 hectáreas, una superficie que duplica la media anual histórica del país.
Francia también sufrió graves daños. Cerca de 42.000 hectáreas de pinares fueron destruidas en Gironda, la región más afectada, mientras miles de habitantes y turistas tuvieron que ser evacuados por el avance del fuego.
En toda Europa, más de 434.000 hectáreas han sido arrasadas. La dimensión de los incendios es todavía mayor en Norteamérica, donde se contabilizan cerca de 1,85 millones de hectáreas quemadas en Estados Unidos y 3,8 millones en Canadá.
Aunque persisten voces que señalan que las olas de calor y los incendios siempre han ocurrido, Rodríguez sostiene que el cambio está en la frecuencia con la que ahora se suceden los fenómenos meteorológicos extremos.
“Aunque algunos lo nieguen y quieran disminuir el papel que juega el cambio climático en esos episodios, el negar la realidad no la hace desaparecer. Lo que estamos diciendo es que esos episodios, y eso lo dice la ciencia, van a ir en aumento. Entonces nos enfrentaremos a más olas de calor, más tempranas, más agudas y con un número de episodios que va a ir incrementando”.
Prevención, adaptación y acción climática
Ante un escenario de condiciones meteorológicas más extremas, Naciones Unidas considera que la respuesta debe concentrarse en tres áreas: prevención, adaptación y acción climática, además de una visión de largo plazo sobre la gestión de los bosques.
“Se tiene que mirar a largo plazo la manera en que se gestiona el bosque (…) Hay zonas donde han desaparecido algunas actividades que anteriormente mantenían el bosque más vigilado, como es el pastoreo, actividades agrícolas o más presencia en los poblados que están cerca del bosque. Se tendrá que mirar si se puede recuperar, a lo mejor pagando por esos servicios a la sociedad, porque algunas de esas actividades a nivel económico a lo mejor no son rentables por sí solas”, comentó Rodríguez.
La UNECE también destacó la importancia de aumentar la concienciación ciudadana. De acuerdo con datos de la Comisión, nueve de cada diez incendios son provocados por seres humanos, ya sea intencionalmente, por negligencia o por accidente.
Los incendios también generan importantes pérdidas económicas. Además de los daños ocasionados a miles de viviendas, dejan áreas forestales cuya recuperación puede requerir varios años, afectando actividades productivas vinculadas con los bosques.
Con información de Noticias ONU.

