A medida que el cambio climático se acelera y provoca efectos devastadores en distintas regiones del mundo, llama la atención que un área de la Costa Este se esté convirtiendo en el corredor preferido de huracanes de categoría 3 o superior.
Aunque Florida es el estado donde impactan más huracanes, seguido por Texas, lo que ocurre en las Carolinas preocupa cada vez más a sus habitantes.
Desde 1851, cuando comenzaron los registros de huracanes en Estados Unidos, se han documentado 292 ciclones. De ellos, 120 han golpeado Florida, 64 a Texas y 54 a Luisiana. Al sumar los que impactaron en Carolina del Norte y Carolina del Sur, la cifra asciende a 85.
Con esa cantidad de impactos, las Carolinas ocupan el segundo lugar después del llamado “Estado del Sol”.
Para entender lo que ocurre en esa zona del país, hay que considerar que, si un huracán pasa por Florida y se dirige hacia el norte, suele encontrar aguas más frías después de Carolina del Norte. Por eso, algunos científicos creen que, en lugar de continuar hacia Virginia, muchos de estos fenómenos tocan tierra en las Carolinas.
Comprender este patrón es clave para prevenir futuras catástrofes, ya que se prevé que la cantidad de tormentas y huracanes aumente cada año. El cambio climático es el principal factor que alimenta estos fenómenos.
Otro aspecto a considerar es que la temporada de huracanes en el Atlántico se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre. Sin embargo, la mayoría de los huracanes que tocan tierra en Estados Unidos lo hacen en agosto o septiembre, con algunas excepciones, como el caso de Milton.
La ubicación geográfica de Carolina del Norte y Carolina del Sur hace que sea difícil que lleguen a estar libres del paso de huracanes, especialmente porque en ciertos momentos del año la calidez de sus aguas se combina con las frías corrientes del Atlántico, generando condiciones propicias para su formación.
Anticipándose a esta problemática, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica publica antes de cada temporada estimaciones basadas en datos obtenidos con tecnología avanzada sobre las precipitaciones y el tamaño que podrían alcanzar los huracanes.

