La creación de un panel científico y el compromiso de un segundo encuentro en Tuvalu en el 2027 fueron los resultados más tangibles de la primera Conferencia para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles, que reunió a más de 2.000 participantes en Santa Marta, en el caribe colombiano.
Bajo una temperatura de 30°C y con los barcos que transportaban el carbón como vista en el horizonte del mar, representantes de 57 gobiernos, pueblos indígenas, sociedad civil y la ciencia analizaron las formas de impulsar la transición dejando atrás la explotación y expansión del petróleo, el gas y el carbón. El objetivo último: evitar que la temperatura del planeta continúe en aumento. La elección de Santa Marta no fue al azar, es la ciudad-puerto principal de exportación de carbón en Colombia.
Los consensos a los que llegaron los países sólo fueron voluntarios. Es decir, no son de legal cumplimiento y no tienen un marco de seguimiento y control. Cada uno de los países participantes decidirá si se suma a la creación de una hoja de ruta nacional que establezca y guíe cómo se alejará de la dependencia a los combustibles fósiles.
Además, se establecerán tres workstreams -o procesos de trabajo- para ayudar a los países con el desarrollo de sus hojas de ruta y su alineación con la ciencia y los compromisos climáticos, para identificar los cambios que se requieren en el sistema financiero, y para mapear las oportunidades de conexión entre productores y consumidores en pos de la descarbonización. Los detalles de cuándo y cómo trabajarán estas áreas aún están a la espera.
Desde un inicio, los organizadores buscaron despegarse y diferenciarse del modelo de negociaciones de Naciones Unidas (ONU) y su Conferencia sobre Cambio Climático, las famosas COP. “No queremos la bicicleta estática de la COP”, dijo Irene Vélez, ministra de Ambiente de Colombia, durante la inauguración.
Además, recalcó en reiteradas ocasiones que en esta conferencia no se buscaba que los países llegaran a acuerdos obligatorios ni que resultaría en una declaración “porque habían tenido suficientes declaraciones y pueden ser palabras en el aire”. Al final de la conferencia se publicó sólo un reporte preliminar con los aportes de la ciencia, la sociedad civil, los representantes gubernamentales, y los pueblos indígenas y afro.
En dos meses se estima que se publicará el reporte final, que incluirá acciones en tres ejes: reducir la dependencia económica de los fósiles, transformar la oferta y demanda, y avanzar hacia una cooperación internacional y diplomacia climática.
Tras casi una semana de reuniones, aún no está claro cuáles serán los puntos que se incluirán en el informe final, cómo se avanzará realmente en la práctica si no hay compromisos vinculantes, y cómo se mantendrá la agenda de forma sostenida ante los cambios de gobierno -Colombia, por ejemplo, tiene elecciones presidenciales en Mayo-.
“Vemos con buenos ojos que al menos se empiece a pensar cómo solucionar esta situación, pero necesitamos que se vea materializado en los resultados de la conferencia con hechos concretos”, dijo Ginny Alba de Guaynia, secretaria técnica de la Comisión de Derechos Humanos para Pueblos Indígenas.
Las voces indígenas

Uno de los puntos que diferenció a esta conferencia de las negociaciones oficiales de ONU fue el rol de los pueblos indígenas. Sus voces no suelen ser incluidas en el segmento de alto nivel, pero, en este caso, se eligió a dos representantes para que participen en las mesas de trabajo.
Tras las reuniones de los primeros cuatro días en sus segmentos autogestionados, los pueblos indígenas llegaron a consenso sobre las principales peticiones que debían constar en el reporte final. El respeto a la consulta previa, libre e informada, el reconocimiento de los territorios indígenas y la creación de zonas de exclusión de actividades extractivas, fueron algunos de los elementos más relevantes.
“Combustibles fósiles y minerales deben ser reducidos o el futuro de la vida va a estar en riesgo. En todo el territorio hemos dicho que se excluya a ambos”, dijo Oswaldo Muca, coordinador general de la Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (OPIAC) y uno de los dos representantes en el segmento de alto nivel.
Muca explicó que empezaron a discutir las demandas seis meses antes de la conferencia cuando Colombia había anunciado que albergaría el encuentro.
En el informe preliminar, que resume brevemente los resultados, los gobiernos reconocen la importancia de no sustituir una fuente de energía por otra igual de dañina.
Sin embargo, para Patricia Suarez, miembro del pueblo indígena Murui de la Amazonía colombiana e integrante de la OPIAC, aún es incierto cómo se van a incluir sus peticiones en el reporte final que se publicaría dentro de dos meses.
“En este momento tenemos incertidumbre y muchas preguntas porque no sabemos qué quedó”, explica Suárez. Para la lideresa es esencial que este proceso no implique nuevas formas de explotación de los territorios a través de la búsqueda de minerales para la transición energética. Por eso, cree que es fundamental que el texto garantice que esto no ocurra.
Los científicos en acción
La ciencia también tuvo su espacio en esta conferencia. Al igual que los pueblos indígenas, durante los primeros cuatro días, la academia se reunió en la Universidad del Magdalena para analizar el impacto de los combustibles fósiles y la importancia de crear hojas de ruta -como guías informativas- para salir de ellos.
“Para no superar el 1,5°C, el 96% de las reservas desarrolladas de gas y petróleo del mundo deberían dejarse bajo tierra. Significa anular casi la totalidad de los lotes en extracción. Por otro lado, para no superar los 2°C, deberíamos dejar bajo tierra el 50% de estas reservas”, dijo Marti Orta-Martinez, científico español de la Universidad de Barcelona, que dirigió una de las mesas de trabajo.
Para apoyar a los países en la transición, se creó un Panel Científico para la Transición Energética que estará codirigido por los investigadores Johan Rockström, Vera Songwe, Ottmar Edenhofer y Gilberto Jannuzzi, de Suecia, Camerún, Alemania y Brasil, respectivamente. Su misión será ser una de las “madrinas” que respalde a los países en la construcción de sus hojas de ruta.
Para la lideresa indígena Suárez, es necesario que se incluya a los pueblos indígenas en el panel científico. “Si no trabajamos juntos, vamos a seguir viviendo lo mismo. Los sistemas de conocimiento deben unirse y sólo así le haremos frente al cambio climático”, subrayó. Para otros científicos que aún no son parte de este panel también hay aspectos que no están claros. ¿Cómo se diferencia de otros paneles ya existentes, como el IPCC? ¿Cómo funcionará en la práctica? Son algunas de las preguntas que aún no tienen respuesta.
Los retos pendientes
Aunque las decisiones que se incluyan en el reporte final no serán vinculantes, durante el encuentro se ha recalcado la relevancia simbólica de llegar a un consenso con 57 países que, según Vélez, representan el 30% del PBI mundial y que buscan una transición energética. Sin embargo, algunos de estos continúan impulsando proyectos relacionados a los combustibles fósiles como México, que está analizando la explotación del gas no convencional a través del fracking.
Los grandes ausentes de este encuentro fueron los países sudamericanos. Aunque el evento se realizó en suelo latinoamericano, sólo el 20% de los representantes provenían del sur del continente. De Ecuador, no acudieron delegados del gobierno, pero sí de siete pueblos indígenas de la Amazonía que denunciaron las intenciones del presidente ecuatoriano de expandir la frontera petrolera sobre su territorio.
Otros países como Argentina, Bolivia, Paraguay, y Perú también brillaron por su ausencia. Estados Unidos y Rusia no fueron invitados porque, en palabras de la ministra de Ambiente de Colombia, “exponen su agenda extractivista”. Si ese fuera el criterio para participar de la conferencia, Brasil ha aumentado sus exportaciones de crudo en un 132% en la última década. En octubre de 2025 incluso autorizó la perforación de un bloque en la desembocadura del río Amazonas.
Por otro lado, también se cuestionó la invitación a Canadá, que es conocido por sus proyectos mineros en América Latina. Ante esto, la ministra Vélez explicó que este país “está abierto a escuchar”.
La industria fósil fue la gran ausente. Para Ana Carolina Gonzalez, directora para América Latina del Natural Resources Governance Institute (NDGI), es importante que en los siguientes encuentros se incluya también a los representantes de este sector -como las empresas nacionales de petróleo- por su rol en la transformación energética y productiva de los países.
“La mitad del petróleo del mundo en este momento se produce por estas empresas nacionales y deben venir a la mesa para intercambiar experiencias”, expresó Gonzalez. Además, resaltó la necesidad de incluir a los ministerios de Energía, Transporte y Finanzas, ya que la transición energética abarca todos estos sectores. “El reto hacia adelante va a ser cómo conectar con esos otros actores”, explicó.
Por ahora, se espera que el informe final esté listo para junio, en coincidencia con las reuniones de negociaciones técnicas de la ONU en Bonn. La idea es que estos insumos sean útiles para la hoja de ruta que están construyendo los presidentes de la COP30 y COP31, sobre la cual aún no hay detalles.
Camila Mercure, coordinadora del Área de Política Climática de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), analiza lo que dejó la conferencia: “Si bien se valora la continuidad de la conferencia con una segunda instancia prevista en Tuvalu en 2027, la transición energética no puede quedar reducida a diagnósticos y declaraciones”.
“Es necesario avanzar en acciones concretas y garantizar procesos claros, transparentes y realmente participativos, donde los grupos más afectados no sólo sean consultados, sino que formen parte de la toma de decisiones. De lo contrario, corremos el riesgo de pasar de un extractivismo a otro, sin generar cambios estructurales”, subraya.

