La evidencia arqueológica demuestra que el Estrecho de Puget y sus inmediaciones comenzaron a poblarse hace cerca de 12,000 años, cuando la retirada de los glaciares creó zonas idóneas para el asentamiento humano, donde pasó a ricas culturas locales.
Entre algunos de los pueblos originarios que conservan una presencia importante en Puget Sound están los Chinook, Cowlitz, Duwamish, Lummi, Muckleshoot, Nisqually, Nooksack, Puyallup, Quileute, Samish, Sauk-Suiattle, Shoalwater Bay, Skokomish, Snoqualmie, Spokane, Squaxin Island, Steilacoom, Stillaguamish, Snoqualmoo, Snohomish, Suquamish, Swinomish, Tulalip, Upper Skagit y Yakama. A mediados del siglo XIX, la llegada de colonizadores extranjeros amenazó con extinguir los complejos sistemas culturales, sociales y económicos presentes en la zona, pero las tribus lograron no solo sobrevivir sino continuar en el presente su lucha por el respeto y reconocimiento que merecen.

Crédito: Patrick Braese. Viajes tribales remando hasta Puyallup
En el extremo sur de Puget Sound, en un complejo estuario con siete ensenadas principales y múltiples islas, se asentó la tribu Squaxin, que significa el “Pueblo del Agua” en Lushootseed, el idioma de la mayoría de los pueblos autóctonos en el estrecho. Para esta tribu, como muchos pueblos indígenas de las costas de todos los continentes del planeta, los recursos acuáticos no son solamente una fuente de sustento y un bien de intercambio comercial sino un componente integral de la naturaleza tal y como ellos mismos. Sus creencias animistas indican que las criaturas poseen una esencia espiritual que requiere de una interacción cercana y de una protección que garantice el futuro de todo el entorno natural.

Crédito: Mapa de la historia del aumento del nivel del mar de la tribu Squaxin. Ejemplos de prácticas ancestrales de la tribu de la isla Squaxin
En la actualidad, este pueblo se dedica a la protección de la fauna marina, incluyendo el salmón, considerado la especie clave del ecosistema del estrecho. Para los Squaxin, así como para las demás culturas del Pacifico Noroeste, el salmón es considerado un pariente ancestral cuyo hogar debe respetarse y protegerse. Lo ven como un regalo importante del Creador, y cada año honran y agradecen el sacrificio del salmón con ceremonias especiales. Este vínculo se asocia con la inmortalidad y la renovación y, por ende, la conservación de la especie y su ecosistema es crucial.
En este contexto, la tribu se ha convertido no solo en salvaguarda del océano y el ecosistema del estrecho, sino en testigo de su fragilidad y deterioro, sea por los efectos negativos de la usurpación del hábitat y por el cambio climático.
La bióloga Candace O. Penn o Piaka Se’ Leila (Contempladora de Nubes en Lushootseed) ocupa ahora el cargo de Ecologista de Cambio Climático de la Tribu Squaxin. Ella ha dedicado su carrera profesional al estudio, la protección y la conservación del ecosistema y los recursos naturales de la Isla Squaxin.
“Yo vengo de una larga descendencia de pescadores y pescadoras y me enorgullece tener esta conexión con la tierra. Es una gran parte de mi cultura el poder cosechar (pescar) salmón y poder colaborar para preservarlo para la próxima generación”, dice Penn.

Candance Penn, Ecologista de Cambio Climático de la tribu de la isla Squaxim
En tiempos recientes, los alrededores de la Isla Squaxin han sido cerrados a la pesca del salmón debido a los altos niveles de contaminación, una preocupación para todos los miembros de la tribu “porque en realidad, si no tenemos salmón, nosotros como cultura dejaremos de existir”, afirma Penn.
Entre los retos ambientalistas que enfrentan las aguas de la región, Penn identifica el aumento de los niveles de acidez, la sequía, la erosión costera producto de la elevación del nivel del mar, la abundancia de sustancias tóxicas y el aumento de las temperaturas.
De estos, la creciente acidez del agua tiene, quizás, uno de los impactos más negativos para el salmón. Es un fenómeno que se manifiesta en la actualidad y que podría convertirse en una amenaza constante en las próximas décadas.
“Pienso en la siguiente generación y en las próximas siete generaciones. Así es como mi tribu piensa sobre la preservación en el futuro”, expresa Penn.
Según las convenciones científicas actuales, el océano absorbe aproximadamente entre el 20 y 30 por ciento del dióxido de carbono (CO2) del medio ambiente. Un buen porcentaje de este gas invernadero proviene de fuentes antropogénicas como la dependencia de los hidrocarburos para el transporte y las industrias. A medida que las cantidades de CO2 aumentan, la absorción en los océanos se eleva, cambiando la composición química del agua. Así, el potencial de hidrógeno o pH baja, elevando la acidez del agua, lo que causa diferentes reacciones en la flora y fauna marina, alterando eventualmente las cadenas alimenticias.

Crédito: Tribu de la isla Squaxin. Estudio y marcado de mejillones de agua dulce
Estudios recientes de la Universidad de Washington y NOAA han descubierto que el incremento de la acidez del agua causa problemas con el sistema olfativo del salmón, sentido del que depende para la detección de depredadores, la caza de alimento y para localizar el lugar de origen al que deben regresar para desovar y así cumplir el ciclo reproductivo. No obstante, los científicos todavía no cuentan con una visión integral de los efectos de este cambio químico en el salmón. Para los Squaxin, esta es una preocupación constante.
“Cuando comencemos a ver dos o tres años de corridas de salmones mermadas, veremos el efecto en la comunidad entera. Hay otras minorías que ven la decadencia de esta especie que también afecta a sus hogares. No afecta solamente a las tribus sino a la comunidad entera y los mercados globales”, explica Penn.
Para contrarrestar la situación, Penn dice que la tribu impulsa diferentes actividades de conservación y protección en conjunto con organismos estatales y federales. Una de las principales tareas es la preservación del estuario mediante el uso de técnicas de pesca que no causan la erosión del litoral.
La tribu también opera uno de los corrales de red para salmón más grandes del noroeste de los EE.UU. y liberan cerca de dos millones de salmones Coho, una de las siete especies que viven en el Océano Pacífico.
Este activismo se extiende al ámbito legislativo con el apoyo a proyectos destinados a la reducción de las emisiones de CO2 en aras a controlar la acidificación de las aguas.
Por último, este pueblo refuerza su vínculo ancestral con el salmón a través de la transmisión de su cultura y sus costumbres a las nuevas generaciones.

“A lo largo de todas nuestras historias sobre la creación, vas a escuchar que la palabra ‘salmón’ se menciona muchas veces. Vas a escuchar historias del pueblo del salmón que son leyendas e historias de nuestra creación que básicamente provenimos del pueblo del salmón. Toda la vida emana del salmón. De él recibimos nuestra nutrición no solo para sobrevivir y existir y tener un ente físico, pero es para nuestra conexión espiritual. Mi tía siempre solía decir, ‘estoy alimentando a mi indio’ al poder extraerlo y poder nutrir nuestros cuerpos con él también”, cuenta Penn.

