El Observatorio Aéreo Global (Global Airborne Observatory, en inglés) es un avión Dornier 228-202 equipado con tecnología avanzada de cartografía terrestre. Entre sus objetivos están optimizar la conservación, promover el uso sostenible de los recursos y perfeccionar las políticas ambientales.
El GAO —por sus siglas en inglés— recopila datos sobre la composición estructural, taxonómica y química de los ecosistemas. También permite mapear en tres dimensiones las características de la superficie terrestre, abarcando tanto ecosistemas naturales como entornos de origen humano.
Esta observación aérea permite recopilar datos a gran escala, más allá de lo que permiten los métodos convencionales, y acceder a regiones de difícil alcance, como el corazón de la selva amazónica.
Este sistema ha realizado exploraciones en Belice, Borneo, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Madagascar, México, Perú, Sudáfrica y diversas regiones de Estados Unidos, incluyendo California, Hawái y las Islas Vírgenes.
Según su página web, los datos recopilados han contribuido a descubrimientos significativos, como la ubicación de minería de oro ilegal hasta entonces no detectada en el Amazonas y la identificación del árbol tropical más alto del mundo (294 pies) en la selva de Borneo.
Hallazgos del Observatorio Aéreo Global
Este proyecto, respaldado por la Arizona State University, ha contribuido a una mejor comprensión de los ecosistemas, tanto naturales como gestionados, en una escala geográfica amplia. Fue desarrollado por el ecólogo Greg Asner y su equipo.
“Los mapas derivados de los datos del GAO han moldeado directamente las políticas y la conservación, como los esfuerzos para rastrear y contener un hongo que mata árboles en Hawái y los planes para crear una nueva área marina protegida en la República Dominicana”, explican.
Además, mediante una combinación de mediciones submarinas y espectroscopia de alta resolución del GAO, un equipo de científicos descubrió en Hawái que mantener aproximadamente un 26 % de cobertura de coral vivo ayudaría al arrecife a resistir los efectos destructivos de los erizos y el aumento del nivel del mar.
“Estamos cultivando y plantando coral activamente en la bahía de Hōnaunau para aumentar estas cifras y ayudar al arrecife a alcanzar un estado más saludable. Si logramos superar el 26 % de cobertura de coral vivo, esto podría darles a los arrecifes una oportunidad de crecer y prosperar”, explicó Greg Asner en el estudio.

