Diseñado por la firma californiana Carbon Mapper, recientemente fue lanzado al espacio un satélite nombrado Tanager-1. Desde ese punto estratégico, detectará las regiones donde más se produce metano, un potente gas impulsor del cambio climático.
La organización sin ánimo de lucro trabaja en conjunto con el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, Planet Labs y la Universidad Estatal de Arizona.
Dotado con tecnología de punta, el aparato que ahora gira alrededor de la Tierra transmitirá datos de hasta el 90% de las fuentes de emisión de metano.
Dicha información podrá ser consultada por responsables políticos y compañías del sector privado que analizan la manera más rápida y eficaz para detener los efectos generados por el cambio climático en varias partes del mundo.
Más pequeño que un frigobar, este satélite es el segundo que se enfocará en rastrear las emisiones de metano.
El primero es el denominado MethaneSAT, proyecto auspiciado por otra compañía estadounidense del mismo nombre, que ya trabaja desde abril realizando una misión similar
Cabe señalar que toda la información captada por ambos satélites estará disponible para que más expertos y científicos puedan encontrar soluciones para evitar que la temperatura del planeta continúe incrementándose, pues dicho fenómeno ocasiona sequía en algunos puntos del planeta, mientras que en otros, las catastróficas lluvias torrenciales comienzan a hacerse frecuentes.

Riley Duren, director ejecutivo de Carbon Mapper, emitió un comunicado donde expresa su alegría por haber cristalizado un proyecto tan esperanzador para toda la humanidad.
“Este es el primer satélite que permitirá a Carbon Mapper ampliar los datos mundiales sobre superemisores en los sectores de los combustibles fósiles, los residuos y la agricultura, y desencadenar una visibilidad y una acción transformadoras”, señala la misiva.
De acuerdo con información de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), las emisiones de metano son responsables del 30% del aumento de las temperaturas a nivel global, fenómeno que, de no atenderse, podría poner en riesgo el compromiso asumido por los representantes de gobiernos de 158 países para reducir hasta en un 30% los niveles de metano, tomando como base los de 2020.

