En una acción que profundiza la disputa entre gestión ambiental y desarrollo económico, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el 6 de febrero de 2026 una proclamación presidencial destinada a permitir la pesca comercial en el Monumento Nacional Marino de los Cañones y Montes Submarinos, derogando las restricciones que impedían dicha actividad extractiva en gran parte de esa área protegida.
El documento oficial, titulado “Unleashing American Commercial Fishing in the Atlantic”, argumenta que la pesca comercial gestionada adecuadamente no representa un riesgo para “los objetos de interés histórico y científico” que el monumento fue concebido para proteger.
Asimismo, la proclamación revoca las restricciones establecidas en una orden anterior de 2021 y restablece la política de 2020 que permitía el acceso regulado de flotas pesqueras a la zona.
Según el texto disponible en la Casa Blanca, el área en cuestión fue designada como Monumento Nacional Marino en 2016 bajo la autoridad de la Antiquities Act (Ley de Antigüedades), una ley centenaria que permite al presidente proteger regiones de valor histórico y científico.
Sin embargo, el gobierno de Trump sostiene que las especies presentes en el área, muchas de ellas altamente migratorias, ya están sujetas a leyes de conservación y manejo pesquero como la Magnuson Stevens Fishery Conservation and Management Act, y que, por lo tanto, la prohibición de la pesca no es necesaria para su “cuidado y manejo apropiados”.
La medida abre nuevamente alrededor de 4,913 millas cuadradas de aguas del Atlántico al acceso de embarcaciones comerciales bajo regulaciones federales estándar, lo que, según la Casa Blanca, fortalecería la economía de las comunidades costeras y reduciría cargas regulatorias sobre los pescadores estadounidenses.
Sobre la iniciativa y la pesca comercial
Representantes de la industria pesquera han aplaudido la decisión, describiéndola como un respaldo al sector y una oportunidad para revitalizar actividades económicas en regiones tradicionalmente ligadas a la pesca.
Desde el texto de la Casa Blanca se justifica que la restauración del acceso podría favorecer, en particular, industrias como la pesca de langosta de Maine y la pesca de caballa bajo la gestión del Consejo Regional de Pesca.
No obstante, la iniciativa ha reabierto tensiones con grupos conservacionistas y científicos. Organizaciones ambientalistas y medios de comunicación especializados en el medio ambiente advierten que la eliminación de las restricciones de pesca podría dañar ecosistemas profundos y vulnerables, hogar de corales milenarios, cetáceos en peligro de extinción y otras especies marinas que justificaron la protección del monumento desde su creación.
El santuario marino había sido restaurado a un régimen de protección total en 2021, tras un periodo de apertura en 2020 implementado por la anterior administración Trump, y ahora enfrenta nuevamente un cambio de política tras casi una década de vaivenes.

