La aprobación del gasoducto submarino NESE, que transportará gas natural desde Pensilvania hasta el área metropolitana de Nueva York representa un cambio significativo en la política ambiental del estado.

La decisión del Departamento de Conservación Ambiental (DEC, por sus siglas en inglés) autoriza la ampliación del suministro energético en uno de los mercados más grandes del país, pero a costa —según los expertos— de un retroceso en los compromisos climáticos y una amenaza directa a los ecosistemas marinos del Atlántico.

El proyecto, impulsado por la empresa de energía Williams, incluye la construcción, instalación y operación de un nuevo gasoducto de 26 pulgadas de diámetro para transportar gas natural desde Pensilvania a través de Nueva Jersey, discurriendo bajo el agua en la Bahía de Raritan y la Bahía de Nueva York hasta aproximadamente 3 millas de la costa de la Península de Rockaway, en el distrito de Queens, Nueva York.

Está diseñado para proporcionar aproximadamente 400,000 decatermios diarios (dWC) de gas natural firme adicional a National Grid para abastecer a los clientes existentes en Brooklyn, Queens y Long Island, informó el DEC.

La agencia gubernamental afirmó que el nuevo gasoducto se conectará al gasoducto lateral de Rockaway existente en Queens y tiene como objetivo mejorar la confiabilidad del suministro y contribuir a la reducción del uso de petróleo.

“Nos enorgullece impulsar NESE y contribuir a que los neoyorquinos tengan acceso a gas natural limpio, confiable y asequible”, declaró Chad Zamarin, presidente y director ejecutivo de Williams. “Este proyecto refleja nuestro compromiso de suministrar energía limpia y confiable, al tiempo que reducimos los costos energéticos y apoyamos el crecimiento económico y la responsabilidad ambiental”.

Zamarin dijo que NESE mejorará la seguridad energética, reducirá los costos y las emisiones, y se espera que el proyecto genere más de mil millones de dólares en inversiones, cree miles de empleos relacionados con la construcción y brinde beneficios a largo plazo a los residentes de Nueva York y a los usuarios comerciales de energía.

Para los ambientalistas, la decisión representa una derrota amarga.

Environmental Advocates NY dijo que representa un “fracaso devastador en la protección de los neoyorquinos frente a una propuesta peligrosa y desacertada”.

“Al aprobar el gasoducto NESE, el DEC ignora sus propias conclusiones previas —requeridas por la ley estatal y respaldadas por evidencia científica— que indican que este proyecto plantea graves riesgos para nuestras aguas, la vida marina y nuestra salud y seguridad”, advirtió la organización en un comunicado.

Los científicos señalaron que la instalación y operación del gasoducto puede alterar los hábitats submarinos, aumentar la turbidez del agua y afectar especies vulnerables como el esturión del Atlántico y las tortugas marinas.

Mientras las autoridades estatales defienden la medida como una respuesta a la creciente demanda energética y una estrategia para estabilizar los precios, los grupos ambientalistas sostienen que la decisión envía un mensaje contradictorio en plena crisis climática.

“Es difícil no ver esto como una batalla perdida para el movimiento ambientalista en Nueva York”, dijo una portavoz de la coalición Stop the Williams Pipeline, que desde 2019 ha liderado protestas y demandas legales contra el proyecto. “Durante años se nos dijo que el futuro era renovable, y se optó por una infraestructura fósil que podría operar por décadas”.

Laura Shindell, directora estatal de Food & Water Watch en Nueva York, declaró que los neoyorquinos lucharán contra “el contaminante oleoducto de Hochul en cada paso del camino —junto con nuestras comunidades— hasta que se detenga definitivamente”, de acuerdo con New York Focus.

Julia Walsh, directora de Frack Action, dijo que la decisión de la gobernadora Kathy Hochul es una “vergonzosa traición a los millones de neoyorquinos a quienes prometió proteger. Los reguladores ya rechazaron el oleoducto NESE tres veces”.

Y la instó a revocar la medida que consideró como una “evidente decisión política”.

La controversia en torno al NESE no solo plantea un debate sobre el equilibrio entre energía y medioambiente, sino también sobre la coherencia de la política climática estatal. En un momento en que Nueva York busca posicionarse como líder en la transición hacia las energías limpias, la aprobación de este gasoducto deja una pregunta abierta: ¿puede una ciudad que se autodefine como “verde” depender aún del gas fósil para sostener su crecimiento?

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Periodista con excelentes habilidades para investigar y contar historias, con una amplia experiencia como reportera en medios impresos y digitales de Estados Unidos y América Latina. Especializada en diferentes áreas del periodismo, incluyendo Latinoamérica, medioambiente, economía y la comunidad hispana de EEUU.

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