David Boyd, exrelator especial de la ONU sobre derechos humanos y medioambiente (2018-2024), advirtió que los Estados que no tomen medidas representativas para enfrentar el cambio climático y regular las industrias contaminantes podrían enfrentarse pronto a una serie de demandas judiciales.
“Espero que en los próximos tres o cuatro años veamos demandas judiciales contra las subvenciones a los combustibles fósiles en algunos Estados petroleros… Estos países han dicho una y otra vez en el G7, en el G20, que están eliminando gradualmente las subvenciones a los combustibles fósiles. Es hora de que cumplan su compromiso. Y creo que la legislación sobre derechos humanos es el vehículo que puede hacerlo”, dijo Boyd.
El experto le dijo a The Guardian en una entrevista que el derecho a un medioambiente sano es también un derecho humano. Pero advirtió que este derecho enfrenta una fuerza incluso más poderosa en la economía mundial, un sistema que -a su juicio- se basa absolutamente en la explotación de las personas y la naturaleza.
El derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible fue finalmente reconocido como un derecho humano fundamental por las Naciones Unidas en 2021. Algunos países, en particular Estados Unidos, sostienen que las resoluciones de la ONU tienen influencia jurídica, pero no son vinculantes.
Sin embargo, para Boyd los derechos humanos —como el derecho a un medioambiente sano— conlleva obligaciones jurídicamente exigibles por parte de los Estados.
“Al incluir los derechos humanos en la ecuación, ahora tenemos instituciones, procesos y tribunales que pueden decir a los gobiernos que no tienen opción de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y eliminar gradualmente los combustibles fósiles. Se trata de obligaciones que incluyen la regulación de las empresas, para garantizar que éstas respetan el clima, el medioambiente y los derechos humanos”.
El funcionario, que dejó su cargo después de seis años en ejercicio, considera que hay millones de migrantes climáticos que “son invisibles” y que, a menos que la situación se atienda, aumentará hasta llegar a niveles importantes.
Boyd afirmó que le cuesta entender la indiferencia colectiva del mundo ante el sufrimiento que causan los daños ambientales evitables. “No consigo que a la gente le importe. Es como si hubiera algo mal con nuestras mentes para que no podamos entender lo grave de la situación”, apuntó.
“Creo que el derecho a un medioambiente sano es en realidad la base que necesitamos para disfrutar de todos los demás derechos humanos. Si no tenemos un planeta Tierra vivo y sano, todos los demás derechos no son más que palabras sobre el papel”, concluyó.
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