El hielo marino del Ártico ha alcanzado un nuevo mínimo histórico alarmante. Los científicos advierten que este descenso en pleno abril ─cuando la capa debería estar a su máxima capacidad estacional─ es preocupante; a este escenario se le suma el desafío del impacto económico del deshielo.
Reportes en medios como CNN señalan que los científicos están alarmados por las implicaciones de que el hielo no logre recuperarse ni siquiera en su punto máximo anual. Advierten que niveles tan bajos en una época en la que debería ser más abundante sugiere una pérdida de resiliencia en el ecosistema ártico.
El deshielo del Ártico representa un desafío para la fauna, el ecosistema y las comunidades costeras principalmente, además, hay costos que se sentirán a nivel global. Según un estudio publicado en la revista Nature en 2019, las pérdidas monetarias por el deshielo del permafrost podrían ascender hasta unos 66,9 billones de dólares.
El estudio de Nature señala que, si el clima se calienta más de 1.5º C ─como ya ha ocurrido─, el daño económico global alcanzaría pérdidas de 24,8 billones de dólares. Si el aumento de las temperaturas llega a los 2º C (y se proyecta que para finales de siglo alcance 2,8º C, según estimaciones de la ONU), los costos podrían incrementarse en 33,8 millones de dólares adicionales.
Estos costos derivan de impactos adicionales en la salud humana, los ecosistemas, la agricultura y el aumento del nivel del mar.
El deshielo del permafrost y su impacto en las comunidades
El derretimiento del permafrost representa una oportunidad para ampliar la exploración de la zona, rica en oro, plata, diamantes, carbón, hierro y titanio, que además contiene 25% de las reservas mundiales de petróleo y el 30% de las de gas natural.
También es cierto que puede significar un desafío para el comercio marítimo y poner presión sobre los mercados globales y la infraestructura.
La apertura de la ruta marítima conocida como la Ruta del Norte representa un cambio estratégico en el comercio mundial, ya que permitiría acortar considerablemente las distancias de transporte entre Europa y Asia y otorgaría un control clave en el mercado global a los países que dominen estas rutas.
Sin embargo, el deshielo del permafrost compromete la estabilidad de carreteras, edificios y otras obras públicas en el Ártico, generando costos de reparación masivos. Además las comunidades indígenas locales sufrirían la pérdida de sus medios de vida y muchos enfrentarían crisis sociales.
Un nuevo punto caliente geopolítico
Un informe del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), publicado en 2020, destaca el creciente interés internacional por la región, impulsado tanto por el cambio climático como por oportunidades estratégicas.
El informe coincide con el publicado en Nature: la apertura de la ruta del norte podría ser una forma eficiente de crear nuevas vías marítimas, pero también podría generar nuevas tensiones geopolíticas.
En el informe titulado Políticas Árticas y Estrategias – Análisis, Síntesis y Tendencias, la organización advierte de un aumento de tensiones geopolíticas y militares entre Estados árticos y no árticos por la apertura del espacio. También destaca el papel que juega la cooperación internacional y del Consejo del Ártico en la gestión del escenario.
IIASA subraya la importancia de integrar los derechos indígenas en la gobernanza de la región. En conjunto, el texto subraya la ambivalencia entre desarrollo económico, sostenibilidad ambiental y estabilidad política en el futuro del Ártico.
El Consejo Ártico trabaja para mantener la seguridad y la cooperación en la región, pero las diferencias ideológicas y la lucha por la riqueza sumergida generan una tensión constante entre potencias como Rusia, EE. UU. y Canadá.
Mientras los países ribereños (Rusia, Canadá, Estados Unidos (Alaska), Noruega y Dinamarca) realizan expediciones de cartografía para intentar extender su soberanía sobre la plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas y así asegurar el control de los recursos.

