Las sequías y el aumento de las temperaturas debido al cambio climático aumentan el riesgo de incendios forestales en Estados Unidos. Cuando ocurren, pueden perderse millones de árboles debido a lo complejo que resulta sofocar el fuego.

Siglos atrás, apagar un incendio en el corazón de un bosque era una lucha casi imposible e implicaba una labor titánica. No obstante, con el avance de la tecnología aparecieron vehículos que ayudan a acceder a zonas de difícil acceso desde donde, con extintores de incendios, los bomberos combaten las llamas.

Otra opción más compleja es combatir el fuego desde aviones cisterna o fumigadores que, a varios pies de altura, vierten mezclas químicas que —metros antes de llegar a la tierra— le quitan oxígeno al fuego y lo apagan.

Lo controversial de estos químicos presentes en los tanques que cargan los bomberos o presentes en los compartimentos de los aviones, es que se componen de metales pesados. Esto podría estar provocando contaminación en mantos freáticos (capas de agua subterránea que se encuentran a poca profundidad del suelo), muerte de especies animales y erosión en áreas enteras donde nada crecerá por muchos años.

Esto se conoció en un estudio encabezado por Marella H. Schammel, Samantha J. Gold y Daniel L. McCurry, miembros del Departamento de Ingeniería Civil y Medioambiental de la Universidad del Sur de California, Los Ángeles. La información fue publicada en la revista Environmental Science & Technology Letters.

Desde el aire, aviones cisterna van arrojando un colorido polvo que, lleno de metales pesados, combate a las llamas en los árboles.

Debido a que los bomberos forestales a menudo complementan el uso de agua con productos extintores, como retardantes de fuego, potenciadores de agua y espumas, el objetivo de la investigación consistió en determinar qué tipo de metales había en las mezclas de sus tanques extintores.

Se analizaron muestras de 14 productos de extinción de incendios vendidos por minoristas comerciales, en busca de 10 metales con toxicidad conocida o regulados por la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

La investigación determinó que cada producto extintor contenía al menos un metal con una concentración que superaba los umbrales de toxicidad de la EPA para el agua potable.

Los metales predominantes fueron cromo, cadmio, arsénico, plomo, vanadio, manganeso, antimonio y talio.

“A medida que han aumentado las tasas de aplicación de retardantes de fuego en el aire, es probable que también lo hayan hecho las cargas de metales tóxicos liberados al medio ambiente debido a su uso. Ahora sabemos que los retardantes de fuego pueden contribuir a estas liberaciones de metales”, expresó el investigador Daniel L. McCurry.

En términos coloquiales, todos estos químicos resultan nocivos para la salud humana y para la biodiversidad del sitio donde se detectan.

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Huella Zero es un programa de Sachamama, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para impulsar una economía de energía limpia para todos y actitudes, comportamientos y estilos de vida sostenibles.

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