Los incendios en la selva amazónica en 2024 alcanzaron niveles récord: el ecosistema ha sufrido la temporada más devastadora de incendios forestales en 20 años, aunque la deforestación ha desacelerado, y aumenta la preocupación de los científicos ante la fragilidad ecológica de la región.
Un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (JRC, por sus siglas en inglés) reveló que 3,3 millones de hectáreas de bosque amazónico fueron afectadas por incendios el año pasado. El centro explica que esto representa 0,7% del bosque amazónico y que el territorio afectado es mayor que el de Bélgica.
“Este extraordinario aumento en los incendios forestales es probablemente impulsado por una combinación de estrés extremo por sequía debido al calentamiento global, la fragmentación forestal y la gestión insostenible de la tierra que conduce a una degradación forestal significativa. La cantidad sin precedentes de bosques quemados y las emisiones de carbono resultantes exponen la creciente fragilidad ecológica de la región a pesar de la desaceleración de la deforestación”, apuntan los autores del análisis.
Los investigadores usaron datos del sistema de vigilancia Tropical Moist Forest. Filtrando las señales falsas causadas por incendios agrícolas o nubosidad, los científicos afirman que pudieron detectar y verificar la degradación forestal provocada por los incendios con un nivel de precisión sin precedentes.
Los incendios de 2024 liberaron alrededor de 791 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, lo que equivale aproximadamente a la cantidad de emisiones que produce Alemania en todo un año. Estas cifras suponen un aumento de siete veces con respecto a la media de los dos años anteriores y marca la primera vez que la degradación provocada por los incendios ha superado a la deforestación como principal causa de las emisiones de carbono en la Amazonía.
El JRC precisó que la mayoría de los bosques afectados por los incendios se encuentran en Brasil (50%) y Bolivia (42%), seguidos por Venezuela (4,9%) y Perú (1,5%). En Brasil, el año 2024 marcó el nivel más alto registrado de emisiones procedentes de la degradación forestal.
Mientras que en Bolivia los incendios afectaron a más del 9% de la cubierta forestal intacta restante del país, lo que supone un duro golpe para una región que históricamente ha servido como reservorio vital de biodiversidad y sumidero de carbono.
Los investigadores advirtieron que el estudio revela una amenaza nueva: la degradación provocada por el fuego erosiona la integridad forestal aún más. “Los bosques degradados pueden parecer intactos desde arriba, pero pierden una parte significativa de su biomasa y función ecológica. A diferencia de las zonas taladas, estos bosques degradados a menudo son ignorados por los sistemas nacionales de contabilidad y los marcos de políticas internacionales”, señala el texto.

